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El Punto Medio. Entre la Sobre Estimulación y el Ocio del S.XXI

“Mamá, me aburro”

Esa frase la hemos pronunciado todos, algunos cuando eramos niños… algunos incluso de mayores y algunos la hemos escuchado en boca de nuestros hijos pero… ¿es malo?

Cada vez estoy más convencida de que es una necesidad, la verdad.

Niño 1

Hace unos días caía en mis manos un artículo en el que la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria señalaba que es probable que se esté dando en la infancia de nuestro país un sobrediagnóstico de casos de trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad.

Una apreciación preocupante, sobre todo porque añadían que cada vez son más numerosos los padres que van a la consulta con niños menores de seis años buscando un diagnóstico e incluso una medicación. Los miembros de esta Asociación no creen que sea lo más adecuado, sobre todo porque en niños menores de seis años lo de que sean “movidos” es una descripción y no una patología.

No es lógico que un niño de menos de seis años esté sentado, tranquilo y concentrado durante un periodo de tiempo demasiado largo y el hecho de que sean muy movidos o de que se aburran en clase… ¿de verdad que es tan extraño? No sé por qué pero a mí me parece que es algo sobre lo que deberíamos trabajar pero desde otra perspectiva, vamos que el problema o la carencia no es precisamente del niño, creo yo.

Hace poco leía también, que estamos criando a la que por el momento es la generación más sobreestimulada de la historia de la Humanidad, eso sí: fuera del entorno escolar, que este va  otra velocidad.

No digo que esa sobre estimulación sea buena, ni muchísimo menos, no me malinterpreten. Lo que me parece es que nuestros hijos están obligados en vivir en un mundo a muy distintas velocidades, desde que se levantan por la mañana hasta que regresan a la cama por la noche y quizás no estamos a la altura, quizás no sabemos como ayudarles y en ocasiones, puede que con la mejor intención estemos haciendo justo lo contrario a lo que necesitan. No lo sé.

Hablamos de los estímulos que les rodean, de todos, desde el rato de televisión merendando, a la clase de judo, la de inglés, la natación o el chino, el rato de jugar con la tablet o a la play o el rato de entrenar a fútbol, baloncesto o lo que toque.

Desde el grupo de investigación sobre Neuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada, advertían hace algunos meses de que la estimulación temprana quizás no influya tan positivamente sobre el proceso de aprendizaje como nos gustaría pensar a nosotros como padres y madres.

Pensad sólo una cosa: ¿de cuánto tiempo libre disponen vuestros hijos? Pero tiempo libre de verdad, tiempo libre para no hacer nada, para hacer lo que les apetezca, para dejar incluso que se aburran… ¿cuánto?

Y voy más allá… ¿vuestros hijos se aburren?

Los niños que están sobre estimulados se vuelven menos sensibles a esos estímulos, es decir que cada día necesitan más, se pueden volver hiperactivos o mostrarse desmotivados a la par que su imaginación, su capacidad de concentración y su creatividad se pueden ir mermando. ¿No os suena? A ver si es que esa sobreestimulación que tienen fuera de casa les hace “más movidos” en el colegio. No lo sé pero tal vez podría.

A mí es un tema que me preocupa, la verdad.

Puede parecer una contradicción y quizás lo sea pero mientras que pienso que la escuela debe digitalizarse mucho más, también creo que nuestro hogar y nuestro ocio quizás deberían “analogizarse” un poco más (si es que este palabro existe…) y sobre todo que no se exclusivice nuestro ocio ni el de nuestros hijos, que no sea una única fuente la que nos entretenga a todos, que no seamos meros espectadores de nuestro ocio y no sus protagonistas.

Un rato para jugar a la Play me parece necesario sí, tanto como un rato con las pantallas apagadas en casa, la de la tele, la de la consola, la de la tablet… ¡todas! Un momento perfecto para un juego de mesa, para el silencio de un libro, para construir una aventura con los Lego o los PlayMobil o los coches o lo que sea

Que no sean la única herramienta que tengan nuestros hijos para luchar contra su aburrimiento. El complicado punto medio, ese en el que disfrutan y no corren peligro de ser sobreestimulados… nadie dijo que fuera fácil ¿verdad? Pero seguiremos buscándolo hasta que demos con él… pues menudos somos los padres y las madres cuando nos empeñamos en algo… jejejeje

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