ZONA FAMILY

Conciliación: Ese Oscuro Objeto del Deseo… de Todos los Padres

Picture Credit: Stevie Gill

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Ni se me pasa por la cabeza venir de vuelta de las vacaciones y no hablaros aquí de la vuelta al cole.

Hay temas que hay que tratar sí o sí por mucho que se hayan tratado ya antes, durante y lo que te rondaré morena.

Sí, la vuelta al cole y lo que lleva inevitablemente aparejado, la vuelta a unos horarios que se parecen más al tetris que a una vida familiar sana y reconfortante para todos.

Claro, la vuelta al cole, a las extra escolares, algunos niños incluso a desayunar en el comedor del centro educativo y otros a volver a casa con la llave de la puerta colgando del cuello.

¿Rutina? No, esto no es que se llame rutina, me vais a permitir que lo llame por su nombre, esto se llama putada.

No es lógico para nadie y mucho menos para los niños pero… ¿hay otra opción?

Me temo que no al menos no de momento, por ahora esto son lentejas.

Hablamos de los sistemas educativos de otros países y nos olvidamos de ver como se organizan en lo que a horarios laborales se refiere.

Hablamos de conciliar, de quejarnos y de reivindicar derechos y nos olvidamos de que cuando votamos, esa decisión tenemos que exigirla a quien queramos que decida nuestras vida y la de los nuestros durante los siguientes cuatro años.

Y se pueden y se deben hacer muchas cosas porque lo que es evidente es que tal y como estamos, no funciona el invento.

Somos los trabajadores que más tiempo pasamos en el centro de trabajo y sin embargo somos los que tenemos menos productividad.

¿Por qué?

Pues no, no lo sé pero lo mismo estamos tan quemados y tan mosqueados por que la empresa se empeñe en que “calentemos el asiento” olvidando las necesidades que tenemos, que se nos va la fuerza por la boca.

Sí, hay excepciones, claro está.

Sí, hay empresas que se han dado cuenta de que es más rentable un trabajador por objetivos que está contento con lo que hace y con la sensación de que la empresa se preocupa por él como individuo y no solo como herramienta productiva.

Pero no nos engañemos que ya no tenemos edad, esas son las menos de ahí que sean eso, la excepción.

Bajas familiares (ni paternales ni maternales, no estigmaticemos a nadie como nos pasa ahora), excedencias, permisos, horarios flexibles para entrar y salir del centro de trabajo, teletrabajo en la medida de las posibilidades de la labor de cada uno.

Y por el otro lado: comedores y libros de texto gratuitos, becas reales para gente real con notas reales y no para superhéroes, serían dos inicios imprescindibles para empezar a reorganizar la vida familiar en el hogar.

Para empezar a preservar una forma de entender las relaciones humanas como hacíamos antes, nuestros padres, nuestros abuelos.

Hablamos del slow life y no sería necesario ponerle etiquetas si nos dedicáramos a meter un poco más de sensatez a nuestra vida diaria mediante leyes que se hagan a la medida de nuestras necesidades, los trabajadores, los padres y no solo y siempre las necesidades de las empresas.

Que hay que llevarse bien es evidente, que las empresas tienen el legítimo interés de ganar dinero, es innegable pero no a costa de que no podamos ver a nuestros hijos en todo el día, salvo por las mañanas para despertarles corriendo y por las noches mientras duermen para darles ese beso de buenas noches que lleva prendido en nuestros labios desde la primera llamada telefónica que nos hicieron durante el día.

Eso no es criar a nuestros hijos.

Así no podemos plantearnos educarles como quisiéramos, como nos gustaría hacerlo. El tiempo cuenta en nuestra contra y hay que actuar, ya.

Hemos visto el problema, lo tenemos claro, se ha visibilizado de todos los modos y maneras que las nuevas tecnologías y las redes sociales nos permiten. Ahora hay que actuar o si no, nos estaremos arrepintiendo toda nuestra vida cuando nuestros hijos sean de verdad unos perfectos desconocidos con los que no hemos podido pasar el tiempo que ellos necesitan y nosotros deseamos.

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