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Sanidad pública o privada en reproducción asistida: 4 factores decisivos

Sanidad pública o privada en reproducción asistida

Con este post que ya os adelanté el mes pasado que escribiría doy por cerrado mi ciclo de colaboración sobre búsqueda de embarazo y reproducción asistida. A partir de septiembre, volveré con otro tema que quizás os resulte mucho más interesante y en el que estoy totalmente inmersa, el embarazo. Dicho esto, hoy quiero hablaros de algo que muchas parejas, cuando quieren ser padres pero no lo logran de forma natural valoran y sopesan con calma, ¿acudir a la sanidad pública  privada en reproducción asistida? ¿Dónde comenzar su tratamiento?

Lo primero que hay que dejar claro es que no hay ni buenos ni malos, ni mejores o peores… son muchos los factores que influyen a la hora de decantarse por la sanidad pública o privada en reproducción asistida y hoy quiero presentártelos porque puede que con ello te decantes por una u otra opción con mucha más facilidad. Estos factores son la edad, la economía, el diagnóstico o problema de fertilidad detectado y la situación laboral, personal y familiar de quien desea ser madre.

1. La edad y la sanidad pública o privada en reproducción asistida

Uno de los aspectos que a priori parece que pueden condicionar con mayor facilidad a la hora de decantarse por la sanidad pública o privada en reproducción asistida puede ser la edad. En los casos en los que la mujer ha pasado la barrera de los 35 años, las listas de espera que hay en muchas provincias españolas para someterse a tratamientos de fertilidad son casi incompatibles con los límites de edad que estipulan para realizar dichos tratamientos. Por ejemplo, una mujer de 38 años en un hospital donde tienen más de dos años de espera, superaría el límite de 40 años que suelen establecer para poder someterse a un tratamiento. Esto ya condiciona la elección de un tipo de sanidad u otro en muchos casos. El problema es que la sanidad privada es cara y no todo el mundo puede permitirse costear uno o varios tratamientos de fertilidad.

2. La economía

Mientras que en la sanidad pública el coste de las pruebas, del tratamiento y prácticamente la medicación es asumida por la Seguridad Social, en la sanidad privada toca rascarse los bolsillos al máximo para cubrir todos los gastos que pueda conllevar ponerse manos a la obra e iniciar un tratamiento. Dependiendo de las técnicas necesarias, los presupuestos fluctúan bastante, no es lo mismo someterse a una Inseminación Artificial que a una Fecundación In Vitro que a una Fecundación In Vitro con Microinyección Espermática.

3. El diagnóstico

En ocasiones, el diagnóstico obtenido tras las pruebas de fertilidad que se haya podido realizar una pareja puede ser decisivo para optar por uno u otro tipo de sanidad. Este fue, por ejemplo, el factor que en mi caso concreto hizo que nos decantáramos por la sanidad privada. Una baja reserva ovárica que amenaza con extinguir las pocas probabilidades de reproducción con gametos propios a los 30 años de edad hace que salten todas las alarmas y que al valorar el tiempo de espera de la sanidad pública y la inversión económica, salga a cuenta intentarlo por la privada ipso facto.

4. La situación laboral

Hay personas que tienen seguros privados que les cubren parte de este tipo de tratamientos por la sanidad privada. Otras personas que no tienen más remedio que acudir a la sanidad privada porque tuvieron su primer hijo de forma natural pero no pueden tener el segundo, y mil casuísticas más que hacen que la balanza se incline hacia la sanidad pública o la privada en reproducción asistida actualmente. Incluso algo tan banal como los horarios laborales puede determinar la elección de un tipo de sanidad o la otra por la flexibilidad horaria que facilita la privada en este sentido.

La realidad es que sin entrar a valorar los pros y contras de cada una, los factores que he ido mencionando a lo largo del texto son claves para tomar una decisión tan importante como la de luchar por lograr ser padres cuando existen impedimentos que dificultan una tarea, la procreación, para la que se supone que estamos preparados de forma innata. Lo importante es que la última palabra sea la vuestra o la tuya, nada de dejarse llevar por lo que los demás puedan opinar porque la frustración posterior puede ser mala compañera.

A lo dicho, os deseo un feliz mes de agosto y en septiembre volveré con temas más enfocados al embarazo y a la maternidad, porque me apetece aportar mi visión desde cómo estoy experimentando esta nueva etapa en mi vida.

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