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Con los regalos de Navidad hemos topado

La Navidad y la orgía de los regalos: cómo enfrentarse a las fiestas cuando eres madre

¡La Navidad ya está aquí! Sí, sí, llamadme exagerada, que ya sé que aún falta un mes y que acabamos de aclimatarnos al fin del veroño este que nos tenía en chancletillas en pleno noviembre. Pero creedme, la Navidad se acerca y arrecia fuerte. Por lo menos en casa de gemelos de seis años, que aún siguen con su inocencia intacta -¡Ay madre, el día que descubran que los padres mienten! Qué gran decepción… O no, yo no recuerdo ningún trauma… Pero ese es otro tema, Celia, céntrate…-. La cuestión es que llega la Navidad y su consumismo exacerbado y año tras año choco con mis principios, con la ilusión de hacer de Reina Maga un año más -hay que ver la intensidad con la que se viven las fiestas cuando eres madre- y con las ganas de los demás miembros de nuestro entorno de inundar la casa de amor y felicidad en forma de paquetes, paquetitos y paquetazos con grandes lazos rojos y mucho papel de colorines. ¿Cómo carajo, pregunto yo, vamos a enseñar a nuestros hijos a ser responsables con el medio ambiente, a ser consumidores responsables que no consumistas comopollosincabeza, a valorar los regalos y lo que cuesta conseguir las cosas, a valorar el esfuerzo, si cada año la casa se convierte en una orgía de tradiciones cargadas de chuches, regalos de navidad y deseos que ni siquiera se llegaron a plantear? Ese es mi dilema, y desde esta tribuna, si algún alma caritativa tiene la solución, por favor, ahora que estamos a tiempo, que lo diga.

Os digo los escollos básicos de mesura y la (buena) educación ante la orgía navideña: 

  1. El entusiasmo familiar colectivo y peligrosamente contagioso combinado con ingredientes peligrosos (si McGiver levantara la cabeza, seguro que fabricaba una bomba con ellos). Véase: quemisniñosnosequedensinregalos, estoesunavezenlavida, dentrodenadaseránmayores y el archipicante novoyaseryomenos con una pizca de ymiregalomás. 
  2. Ante semejante despliegue de ganas de regalar a los niños de la casa, los padres que se estaban conteniendo sólo pueden lanzar un grito de guerra al unísono: ¡Ey, qué sus majestades somos nosotros, y aquí yomás! No veáis esto como un gesto de desagradecimiento (que el mundo está lleno, ya se sabe). Nada más lejos de la realidad. Lo que pasa es que es difícil hacer un ejercicio de contención cuando te estás viendo venir que el único Rey Mago que de verdad está intentando inculcar algo de mesura con los regalos de navidad eres tú mismo. ¡Qué mala es la rabieta parental, la envidia y todo eso, oiga!
  3. Los oídos sordos y las globalización: que tú puedes ir diciendo a las claras que el niño sólo pide regalos para Reyes que de pronto aparecen paquetes no previstos con el sello de Papá Noel, no va a ser el niño menos que los vecinos, pobrecito, y además hace días que Santa Claus aparece en películas, dibujos animados, Bob Esponja, los escaparates y qué sé yo en cuántos sitios más… Habrá que escribir también al susodicho, que se quedaría traumatizado. Así que te sumas al señor barbudo aunque sea de importación. 
  4. Las tradiciones locales: pero es que además, en tu zona resulta que hay quién le da golpes con un palo a un tronco con gorro y ojos pintados a rotulador y resulta que “caga” chucherías, chocolate, y regalos de navidad… Vaya por Dios, todos los niños en el cole andan dando bastonazos a lo salvaje para conseguir su preciado premio… Todo muy mágico y un poco gore, la paz y el amor se quedaron atrás con el bastón, pero oye, que la tradición es la tradición, y a ver cómo le dices tú a tus retoños que al tronquito ni se le conoce ni se le espera en casa. En realidad, te haces la dura unos cuantos días y en un arranque de sensiblería navideña corres al chino de la esquina al primer descuido para hacerte con el tronco que aparecerá milagrosamente paseando en casa a la mañana siguiente. Así que suma y sigue…
  5. La dichosa publicidad: yo no tengo nada en contra de los publicistas, conste. Incluso me gusta y admiro la profesión. Pero la creatividad infantil navideña y lo de los minutos nonstop de los canales infantiles que no dan más que anuncios de juguetes a pilas inútiles, uno tras otro y tras otro y tras otro en un bucle sin fin, desde octubre hasta mediados de enero, eso no tiene nombre. Me empeño en poner dibujos grabados, YouTube o lo que sea con tal de no tener que tragarme tooooooodoooooos esos anuncios de regalos de navidad, que además año tras año siguen siendo igual (o más) sexistas e idiotas. Pero nada, siempre acabamos viendo igual los anuncios. Y los niños lo quiere tooooooodoooooooo, porque los anuncios son horribles pero llegan a su público, ¡y de qué manera!
  6. Los catálogos de juguetes tampoco ayudan. Empiezan a aparecen en tu buzón en pilas y aunque intentes evitarlos y esconderlos, están ahí agazapados para saltar sobre tu hijo en cualquier descuido. Y claro, llevan una bonita carta a los Reyes detrás. Y tienen muchos colores brillantes. Y fotos, muchas fotos. Así que le dices a tu hijo que escoja los regalos de navidad, por lo menos podrás aprovecharlo para tener claro lo que más ilusión le hace. Y sí, lo que más ilusión le hace es TODO.
  7. Y luego están los escaparates, la luces de Navidad, los villancicos en la calle, las fiestas prenavideñas en el cole, esa especie de euforia que va in crescendo y de la que no puedes escapar a menos que vayas a vivir a… ¿A dónde?

Bueno, os hacéis una idea, ¿verdad? Bien, pues ahora que estamos en situación, repito mi pregunta:  ¿Cómo carajo vamos a enseñar a nuestros hijos a ser responsables con el medio ambiente? ¿A ser consumidores responsables? ¿A valorar los regalos de navidad y lo que cuesta conseguir las cosas? Yo cada año aplico unas cuantas ideas, pero seguro que tenéis algunas más, vamos a ver si entre todos…

  1. En mi casa los niños rodean tooooodoooo lo que les hace ilusión del catálogo de juguetes. A ser posible de un sitio que tenga también juegos educativos tipo EurekaKids o Imaginarium, no todo pegos de pilas y ruidos infernales que ocupan media habitación para nada.
  2. Luego tienen que escoger sus favoritos y recortarlos: ahí hacemos una criba juntos y voy orientando lo que escogen para que entre los mellizos no repitan regalo (luego todo es para todos, para qué tener dos de todo), para que haya algún regalo educativo, para que eviten lo bélico (me pone los pelos de punta) y descarten lo que es “de bebitos”.
  3. De los recortes, las normas son claras, podemos pedir un regalo a Papá Noel y tres a los Reyes Magos, uno por personaje mágico. Si acaso, apuntamos un extra porsi nuestros amigos los mágicos no pudieran traer alguno de nuestros deseos. Y no, no pedimos nada más, porque tienen que tener juguetes para todos y porque con ese despliegue ya nos juntamos con 8 cosas en casa que es mucho más que suficiente.
  4. Cuando la carta está preparada, se la hacemos llegar -con nocturnidad y alevosía- a nuestros seres mágicos vía WhatsApp que es más rápido, y ya si eso que se repartan el trabajo que hay que aprender a compartir y cooperar. Así que como somos chorrocientos de familia, pues juntamos los hermanos de un lado (materno), los del otro (paterno) y luego hacemos grupos de abuelos. En general con esto llegamos a tener unas Navidades surtidas pero sin demasiados (he dicho demasiados, no ninguno) excesos.
  5. Eso sí, antes de de que lleguen sus majestades y el señor barbudo, toca limpieza de los juguetes que tenemos en el cuarto. Los rotos, basura. Los que han quedado “pequeños”, para regalar o donar. Y alguno que no usamos aunque todavía sea de nuestra edad, para darlo también. Y no, no lo hago a traición cuando no miran. Tienen que hacerlo ellos, negociar entre los mellizos -que no es tarea fácil-, ponerse de acuerdo, hacer pilas con los juguetes que damos y acompañarme -normalmente orgullosos- a la iglesia o el centro escogido para donar los juguetes. Porque otros niños estarán contentos y porque en el cuarto no pueden entrar juguetes nuevos si antes no hacemos limpieza, ¿verdad?

Y hasta aquí los truquillos. De los cumpleaños infantiles, ya si eso, hablamos otro día… ¿Y vosotros, cómo mantenéis la llama de la Navidad encendida sin que sea un festival de regalos en plan orgía infantil? Escucho atentamente…

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2 Comentarios

  • Responder
    Nené Canela
    16 noviembre, 2016 at 5:34 pm

    jaja muy bueno, un regalo por personaje mágico y sobre todo lo de la limpieza de juguetes. Muy buenos consejos.

    Saludos
    http://www.nenecanela.com

    • Responder
      Celia Ramón
      16 noviembre, 2016 at 7:52 pm

      Gracias Nené, me alegro que te haya gustado. La verdad que pensaba que lo de la limpieza sería más traumático pero lo llevan bastante bien -aunque redescubren juguetes esenciales que tenían olvidados pero que de pronto son imprescindibles- 🙂

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