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¡Hola empatía! Bienvenidos sentimientos. Peter y el dragón

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Empatía es el medio para compartir y experimentar los sentimientos de otra persona. RR Greenson

Sucedió una calurosa tarde de sábado cuando todavía intentábamos acoplarnos a la rutina después de unas intensas vacaciones de verano con los mellizos.

Están imposibles. ¿Qué hacemos? ¿Vamos al cine?
– ¿Chicos queréis ir al cine?
– Siiiii.

Durante las vacaciones de verano en el pueblo nos habíamos tragado todos los estrenos animados. El cine allí es una buena doble opción, pasas al fresquito las calurosas tardes y es mucho más barato.

Aquella tarde, ya en la ciudad quisimos ponerlos a prueba, ver la primera película de verdad de sus vidas, con personajes de carne y hueso (bueno casi todos) una peli dirigida a un público infantil algo más maduro,vamos ¡Para niños grandes! (Mis chicos aquella tarde tenían 3 años y 4 meses).
Con suerte aguantarían 1 hora y 43 minutos, la verdad es que no recuerdo mucha emoción a la entrada del cine.

Para los que no hayáis visto la película de Peter y el Dragón, comentaros que es un remake de Disney del año 77, Pedro y el Dragón Elliot. Por lo visto un musical infantil de los de la época. Poco más puedo explicar de aquella versión pues por aquel entonces yo todavía caminaba en pañales.

No os voy a contar la película, aunque sí quiero matizar que esta vez Disney no me decepcionó con sus clásicos mensajes desbordantes de sentimiento donde los protagonistas son los valores, la amistad, la familia… Para que os hagáis una idea, lo resumo en la dulce fusión del Libro de la selva y La historia interminable.

Volviendo a aquella tarde. Los peques aguantaron como jabatos sin perder detalle, de principio a fin, pero antes de cruzar la puerta de salida del cine rompieron a llorar desconsoladamente, nos estiraban de la mano intentando retenernos, no querían salir. Al preguntarles qué les pasaba los dos contestaron, sin dejar de llorar, que querían volver a entrar a ver la película porque les había gustado mucho.
Mi 50% y yo nos miramos y nos echamos a reír, entendimos a la primera lo que estaba pasando.

Aquel berrinche que no lográbamos calmar era simplemente el resultado de la conexión con la película, con la historia y sus personajes tiernos y entrañables. Habían recibido a la perfección los mensajes y sus sentimientos estaban a flor de piel.

Ellos se hincharon a llorar y nosotros estábamos felices porque aunque de sobras sabemos que son dos niños muy sociables y conocen las emociones desde bien pequeñitos, hasta el momento no habían dejado al descubierto tal conexión sentimental.

Quizás aquella tarde de sábado lo único que no entendieron es que les dijéramos que siguieran llorando porque lo que les estaba pasando era muy bonito.

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