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SER INFÉRTIL Y NO MORIR EN EL INTENTO

ser infértil y no morir en el intento

Ser infértil y no morir en el intento no es divertido, aunque haya decidido ponerle a este post un título con algo de guasa. Pero ser infértil es algo muy serio.

Lo sé porque yo he pasado por ello.

Mi historia es la siguiente: Quería ser mamá, no tenía pareja ni la buscaba, así que opté por la maternidad en solitario. Ello implicaba tener que acudir a Reproducción Asistida para conseguirlo. Mi yo interior me decía que no iba a ser un proceso fácil, y no lo fue. El diagnóstico: trompa obstruida y SOP. Lo que hizo que no consiguiera el embarazo hasta el séptimo intento. Una total odisea que sólo sabe aquel que pasa por lo mismo. Siete tratamientos y tres años de búsqueda me han dado mucho más de lo que me han quitado. He aprendido muchísimo en este tiempo y me he conocido mejor.

Por desgracia, la infertilidad es un tema que va en aumento día a día y que afecta tanto a hombres como a mujeres. Sin embargo, a pesar de ese aumento, sigue siendo un tema tabú para muchas personas y sectores de la sociedad. Es importante, por ello, darle visibilidad, darse cuenta que muchas personas lo pasan mal con ello y es necesario normalizar el proceso, que las personas que lo sufren sepan que no están solas. Que ser infértil y no morir en el intento es posible.

No soy una persona experta en el tema, ni soy nadie para dar consejos sobre ello. Pero por mi experiencia y por todo lo que he pasado durante todo este tiempo sí que puedo dar una serie de pautas, que te pueden ser útiles, sobre cómo afrontar la infertilidad y llevar mejor los tratamientos a los que te tengas que someter.

1 – Paciencia. La paciencia es una virtud. Aunque entiendo que este punto es el más difícil de asumir. Cuando el instinto maternal llama a tu puerta todo se acelera y las ganas pueden más. Es importante ser paciente porque uno sabe cuándo llega a reproducción asistida pero no cuándo se va. Por desgracia, esto es así. Una va con su ilusión, pensando que le costará dos intentos, tres como mucho. Y te encuentras ahí varios años después y sin saber ya el número de tratamientos que llevas a tus espaldas. Por eso es importante templarse un poco, ser consciente de que son procesos que requieren su tiempo. Que muchas veces se consigue a la primera, claro que sí. Pero aún así, es importante ir paso a paso, no adelantarse, porque el proceso puede ser muy largo y quema mucho. ¡Que no decaigan los ánimos!

2 – Visita distintas clínicas y escucha diferentes opiniones. Si vas por la Seguridad Social perfecto, pero si vas por una privada sabrás que el tema de las clínicas es una locura. Las hay de todo tipo. Unas con más prestigio, otras con más medios… Mi consejo es que visites varias. De todo tipo. Aprovecha que muchas tienen la primera consulta gratis, otras no, pero es importante comparar. Yo lo hice. Visité cinco clínicas. Cuatro en mi provincia y otra a 200 km. de casa. Tenía esa opción y quise aprovecharla. Y al final me quedé con este última. Cada vez que iba recorría 200 km. de ida y 200 km. de vuelta. A veces sólo para una consulta de 10 minutos. Mereció la pena. A simple vista todas las clínicas ofrecen lo mismo, pero no es así. No se trata sólo de ir, que te hagan un determinado tratamiento y ya está. Es mucho más. Se trata de encontrar unas palabras amables, un hombro sobre el que apoyarte… En definitiva, sentir que la clínica, en especial tu médico, te comprende y te ayuda. Es fundamental sentir que tu médico se preocupa y hace todo lo que está en su mano por ayudarte. Aléjate de sentirte una más, un número o una vaca que va al matadero (suena muy mal, pero es muy común). En este camino es fundamental encontrar ese equilibrio en la parte emocional porque te hará más fácil el proceso. Como digo, visita distintas opciones y hazte una lista comparando todos los que consideres oportunos: atención, precio, instalaciones… todo lo que tú creas que puede ser de tu interés. Pregunta a gente que haya ido a esas clínicas, sólo por conocer opiniones pero no te dejes llevar por ellos porque, en reproducción asistida como en muchos otros aspectos de la vida, lo que es bueno para una no tiene por qué ser bueno para las demás. Tranquila, cuando hayas encontrado la clínica adecuada lo sabrás. No me preguntes cómo, es el instinto.

3 – No te compares. Esto es absurdo y lo único que vas a hacer es que te sientas peor contigo misma. No busques compararte con otra mujer que en tus mismas circunstancias lo ha conseguido ya mientras tú sigues en la lucha. Esto no funciona así. Aunque podáis parecer iguales cada una es única y tiene sus propias características. Lo que a una le funciona a otra no tiene por qué, y esto es así. Te hablo de mí misma: ante mis mismas circunstancias una conocida se quedó a la tercera y yo, como sabes, a la séptima. No es una ciencia exacta.

4 – No te sientas culpable. Bajo ningún concepto dejes que la infertilidad te haga sentir culpable. Eres infértil, vale, pero no dejes que ello domine tu vida. No te sientas culpable por algo de lo que no tienes culpa y que no puedes evitar. Deber aprender a vivir con ello, lo mismo que hacen millones de personas ante cosas mucho más complejas. No olvides que, por suerte, ¡tenemos a la ciencia de nuestra parte!

5 – Busca (y acepta) apoyo. Este proceso puede ser largo o puede ser corto, pero en lo que va a coincidir todo el mundo es en que es un proceso muy duro. Y muy duro a todos los niveles. En la mayoría de los casos una tiene que hormonarse, lo que implica unir nuestra ansiedad y deseo de ser madre ya, a una serie de hormonas juguetonas que nos vuelven locsa, pasando de la risa al llanto en segundos. Si eres mamá soltera, como yo, busca apoyo: una amiga, un familiar… alguien con el que poder desahogarte. Una persona cómplice. Si tienes pareja, apoyaos mutuamente. No es una lucha del uno contra el otro, esto no va de eso. Se trata de acompañaros en el camino. Es un proceso mutuo, y aunque suele ser la mujer la que lleva la parte más dura, por el tema hormonal de los tratamientos, ellos también lo sufren, aunque suelen exteriorizarlo quizás menos. Por otra parte, si no lo sabes, muchas clínicas ofrecen ayuda de psicólogos especialistas para las personas que pasamos por estos procesos. No sientas vergüenza en pedir ayuda si lo necesitas.

En mis siete tratamientos y tres años de búsqueda he tenido momentos de todo tipo. Unos días han sido mejores y otros han sido más duros. Pero en mi cabeza sólo había una idea: mi bebé. Eso es lo que me hacía luchar día a día. Si tienes un negativo permítete llorar, grita, haz lo que te pida el cuerpo. No te sientas mal por ello. Pero no te permitas a ti misma hundirte. Tómate un día de relax para coger fuerzas e impulsarte de nuevo. Tu cuerpo y tu mente te necesitan entera. Mantén tu objetivo claro y no lo pierdas de vista hasta conseguirlo.

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