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Bajo la sombra de Caín: reflexiones sobre el bullying

reflexiones sobre el bullying

Falta de autocontrol, carencia de empatía , falta de habilidades sociales ¿complejos quizá?

No sabemos responder a estas reflexiones sobre el bullying. Estamos fuera de juego. Nos pilla por sorpresa, sin saber explicarlo y tampoco solucionarlo.  

La violencia entre iguales, también conocida como bullying, nos está atormentando a los adultos porque no sabemos por dónde llegó y cómo hacer para que se vaya. La incertidumbre de qué está sucediendo a nuestro alrededor, en nuestro colegio, en nuestra casa, nos tiene aterrados y a la vez, creo yo, paralizados. Ante la escalada de casos, los medios de comunicación están haciendo campañas publicitarias, canciones, programas especiales, pero sabemos que esto no es suficiente.Se buscan valientes” dice el eslogan de una de ellas , pero yo no me conformo.

No me conformo con solucionarlo con la valentía de las victimas u observadores para denunciar . Yo quiero que no ocurra. Y para esto a los valientes que se busca es a los padres y madres. No podemos caer en el “son cosas de niños”. Ni mucho menos en el ” imposible que mi niño haga eso”. Está claro que la violencia de este tipo no es nada nuevo. Ya contamos con el antecedente de Caín. Ya sé que éste fue más allá y asesinó a su hermano, pero al fin y al cabo ejerció violencia sobre su igual. Sin duda alguna, hay por delante una labor educativa que hacer para todos: acosadores, victimas y observadores. Al final, están todos implicados y no pensemos que esto es cosa del vecino.

Se buscan padres valientes para darse cuenta que va con nosotros también, que tenemos nuestra parte de responsabilidad. Observo que la mayoría de propuestas son reactivas, es decir, van encaminadas a las medidas de reacción cuando ya ha surgido el problema. En mis reflexiones sobre el bullying, creo que es aspirar a poco, yo quiero medidas preventivas, más difíciles, desde luego. Y me pregunto: ¿qué medidas preventivas se pueden llevar a cabo?  Y pensamos rápidamente: pues en el colegio les darán charlas al respecto y les hablaran de lo buenos que tenemos que ser unos con otros, tener conciencia, empatía, bla, bla, bla,… Ya estamos echando balones fuera. No nos podemos conformar con dejar que los demás nos resuelvan el problema .

Desde aquí me gustaría hacer un llamamiento a papás y mamás, a implicarnos en esto, porque al final son nuestros los hijos. Son nuestras las victimas, los espectadores y los acosadores. Somos responsables de sus actos. Para llegar al núcleo de la cuestión debemos rascar un poco más: ¿Es suficiente con hablar del tema? ¿Suficiente soltar el sermón de lo que está bien o no? No, solo con eso no. Tenemos que averiguar cómo un niño es capaz de llegar a hacer daño físico o psicológico, o simplemente permanecer impasible ante el sufrimiento de otro, e intervenir desde ahí, desde el ojo del huracán.

Qué rasgos definen al niño acosador, al niño víctima y al niño encubridor. Eso es lo que debemos averiguar . El acosador, en contra de lo que pueda parecer, es un niño con problemas de autoestima. Su autoconcepto débil le lleva a compensarlo ejerciendo el abuso sobre los demás, como un mecanismo de alivio de presión. Al fin y al cabo, son otras víctimas, son niños heridos. Muchos de ellos han sufrido carencias afectivas familiares, entornos familiares excesivamente rígidos o laxos, que les llevan a la baja autoestima. En ocasiones han tomado modelos inapropiados o inexistentes, que les llevan a tener unos esquemas básicos de socialización desvirtuados, incoherentes. Todo ello les lleva a una acumulación de ira enorme, que además no son capaces de gestionar ni controlar. Y no nos equivoquemos pensando que su origen es desestructurado o con carencias económicas, no caigamos en los estereotipos.

Las otras victimas, las que reciben el abuso o se les hace el vacío, padecen normalmente también baja autoestima , a lo que le añadimos el abuso para rematar. Al igual que sus agresores, tienen un autoconcepto pobre que les lleva a considerarse incapaces de gestionar esta situación, y llegando a veces a coincidir con la baja tolerancia a la frustración que los paraliza.

¿Y los observadores? También tienen un concepto propio de falta de valentía, carecen de empatía, desconocen el altruismo, a la vez que la conciencia les corroe y les hace rebajar su autoestima .Se sienten incapaces de ser héroes y se anestesian ante el dolor ajeno.

La herida que queda en todos ellos permanecerá a lo largo de su vida y pasará a formar parte de su personalidad adulta. ¿Qué adultos pueden salir de esta situación?  Al respecto de los perfiles, en este enlace podéis encontrar más información. Al final, analizando a todos los actores, podemos sacar una conclusión: todos necesitan de habilidades y herramientas emocionales y sociales . O lo que vendría a ser lo mismo y más breve: valores. Esos valores tan deseables como son la empatía, la valentía, la caridad, la bondad, la fraternidad, el altruismo, la tolerancia, la justicia, la cooperación, la comprensión, la resiliencia, el optimismo,… etc.

¿Quién no quiere esto para sus hijos? ¡Yo me lo pido! Y vamos un pasito más allá, ¿quién le puede guiar y enseñar a una persona estas cosas? Todos sabemos la respuesta. Desde luego que necesitamos la colaboración de la escuela y todo su equipo. Pero los actores protagonistas de esta escena somos los papás.

¿Y cómo transmitirlos? Pues yo creo que hay 3 vías :

  • La oral, hablamos con nuestros hijos y en cualquier conversación les estamos transmitiendo concepciones sobre el mundo y cómo funciona el mismo.
  • El modelado, nos imitan. Lo que hacemos constituye la principal fuente de información para ellos sobre cómo deben actuar y pensar.
  • La experiencia, la puesta en práctica. ¿Por qué no implicarlos en proyectos de voluntariado, o al menos al principio, que nos vean a nosotros hacerlo?

Estas reflexiones son muy esquemáticas y el problema en sí es muchísimo más complejo. Pero lo que está claro es que tenemos que coger de una vez por todas nuestra responsabilidad en este asunto y cargarla a nuestras espaldas.

Porque, nos guste escucharlo o no, esto es cosa nuestra.

Se buscan valientes. ¿Te atreves?

L.H.L.

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