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Lo que nosotros transmitimos a los niños

transmitimos a los niños

Desde hace un tiempo, mejor dicho, desde hace ya unos años, en mi práctica diaria con las familias y en observaciones que hago (en el parque, con los amigos, etc.) me he dado cuenta de un aspecto en los modelos de relación de los adultos con sus progenitores que, desde mi punto de vista no deja de tener importancia.. Me refiero a aquello que transmitimos los adultos. Muchas veces, sin darnos cuenta, y sin tener mala intención, con nuestras acciones, con nuestros comentarios, con nuestras miradas, con nuestros gestos, estamos influyendo y «mediatizando» una conducta espontánea y, sobre todo, inocente de nuestros pequeños.

Es sabido por todos que nosotros somos para ellos su espejo; somos las personas en quienes se fijan; somos las personas que tienen como modelos; somos las personas a las que aman más del mundo; y por lo tanto tenemos una RESPONSABILIDAD hacia los modelos que transmitimos a los niños. No es ninguna tontería pensar que si nosotros adoptamos una actitud temerosa ante una nuevo evento o ante una situación nueva es  muy probable que nuestros hijos se vean influidos por esta manera de enfrentarse a las nuevas situaciones. Evidentemente no podemos olvidar que hay un componente genético en los caracteres y que hay aspectos que ya nos vienen dados por la herencia de nuestros padres. Pero si a todos estos INGREDIENTES sumamos aquel que se llama SENTIDO COMÚN, y que SÍ que está en nuestras manos, podemos ayudar, o no, a que nuestros hijos vean las cosas desde otra perspectiva.

Vamos a pensar en una situación muy concreta: alrededor de los 2 años (a veces un poco antes o después) los niños empiezan a plantear situaciones que quizás antes no habían pasado. Pueden comenzar con los primeros miedos. Ésta es una etapa «normal» del crecimiento, como tantas otras, y forma parte de hacerse mayor y evolucionar como persona. Es cierto y no quiero que nadie me mal interprete, que los tenemos que atender, escuchar y ayudar, pero también es cierto que es muy importante que los ayudamos con nuestra ACTITUD. Cuando una familia comenta: «es que ahora tiene miedo por las noches, se despierta, está inquieto…» pero todo este escenario está pasando ante el niño, y lo está escuchando y oyendo todo… Lo que transmitimos a los niños no es lo ideal. Ciertamente lo que está pasando es real y aquella familia necesita expresarlo y busca ayuda. Lo primero que siempre les digo es: «vamos a intentar que no escuche demasiado ésta palabra». Debemos tener un poco de prudencia y vigilar lo que hablamos delante de ellos. Con esto qué quiero decir mas que estamos dando un SIGNIFICADO NUEVO a una palabra que quizá para el niño no lo tenía.  Corremos el riesgo  de que lo utilice como un «arma de poder» y que se aproveche de la situación. Todavía recuerdo una de esas frases célebres de nuestros padres, que estaban impregnadas de sabiduría y sentido común. Cuando tenía miedo, mi padre siempre me decía: «El miedo no existe; te lo creas tú«. Cierto es que yo era un poco mayorcita, pero aquella frase me ha acompañado a lo largo de los años, y me ha ayudado en muchos momentos a superarme y crecer como persona.Es  un ejemplo más de lo que los padres transmitimos a los niños. Hacia nuestros hijos.

Siempre digo, y mantengo que es muy difícil como padres, que es necesario encontrar el punto justo de EQUILIBRIO y medida en todo. Lo más sensato es estar atentos, observar y actuar con prudencia y siempre pensando que lo que nosotros digamos o hagamos tendrá unas consecuencias directas en las acciones de nuestros hijos. Nuestra ACTITUD es muy importante y, como ya he comentado, tenemos una responsabilidad.
Otro ejemplo: puede que a un niño los primeros días le cueste hacer una actividad nueva (piscina, Mugendo, baloncesto, etc.). Si el primer día que hace la actividad tenemos la mala suerte de que sale «descontento» y que no le ha gustado, tenemos dos opciones: quedarnos con la versión de que aquello no es para él y de que no le ha gustado; o bien fomentar un espíritu luchador y contagiarle de entusiasmo a la vez que vea que todo necesita un sacrificio y un tiempo de margen para acabar floreciendo. Si pasado un tiempo prudencial detectamos que la cosa no mejora, lo mejor es hablar con él e intentar encontrar una solución razonada. Si les contamos las cosas y hablamos con ellos, lo acabarán entendiendo; aunque sea a su manera…
¡Ánimo!

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