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Mi hija no es mayor

mi hija no es mayor

Mi hija no es mayor. Nos pasamos casi media vida queriendo crecer y el resto añorando nuestra niñez, sin hipotecas, sin jefes, sin preocupaciones. Siempre me he preguntado por qué cuando somos niños tenemos tantas ganas de ser mayores. Cuando eres pequeño crees que las cosas guays y divertidas solo las hacen “los grandes” pero realmente creo que el motivo principal por el que deseamos crecer es porque desde chiquititos nos enseñan que ser pequeño es malo.

Desde que mi hija ha entrado en el cole he podido comprobarlo. Es mayor para todo: para llevar pañal, para llorar al separarse de mamá, para estar triste en clase, para no parar quieta…
Se les mete en la cabeza la absurda (a mi parecer) idea de que ya son lo suficientemente mayores como para hacer ciertas cosas que solo las hacen los bebés y creo que es un mensaje equivocado. No hay nada de malo en ser pequeño. No hay nada de malo en llorar cuando tienes que separarte de mamá o de papá a la entrada del colegio. ¿Acaso a ti no te produce una profunda tristeza despedirte de alguien a quien quieres? Tampoco hay nada de malo en sentirse triste en clase, echar de menos a tu familia. Yo soy mayor y también me entristezco cuando llevo horas trabajando fuera de casa porque daría lo que fuera por estar junto a mis hijos y mi marido.

Y por supuesto no hay nada de malo en no controlar esfínteres. ¡Sería el colmo! Se pretende que nuestros hijos crezcan antes de tiempo, al compás de un sistema tremendamente irrespetuoso con nuestra naturaleza.

Mi hija no es mayor
Todavía se traba hablando porque muchas palabras se le resisten. Me pide a veces su pañal porque se siente más segura, pero solo a veces porque según ella el pañal es cosa de bebés y ella ya es mayor.
Adora que la cargue en brazos y dormirse en la tetita de mamá.
Aún se cansa cuando llevamos unos minutos caminando y es que sus pequeñas piernecitas no pueden soportar el ritmo de la gente grande.
Se siente bien siendo pequeña pero continuamente se repite a sí misma que ella ya es mayor, recordándoselo por si se le olvida en algún momento.

No es mayor.
La miro por las mañanas, cuando tengo que despertarla a las siete y media para ir al cole. La observo mientras duerme y lo que veo es a una niña que está más cerca de ser un bebé que de ser una niña mayor. Mi hija no es mayor.
Con la inocencia intacta.
Una niña que no está preparada para esos madrugones, que llora porque por las mañanas no quiere separarse de su mami (y es que arropaditas y abrazadas en la cama se está tan bien…). Una niña activa, con ganas de descubrir mil cosas pero sin que la frenen, sin que coarten su necesidad de movimiento, sus ganas de investigar, de aprender. Una niña feliz, pequeña y feliz.

Ay, no le arrebatéis a los niños algo tan preciado como es la niñez absoluta, la primera infancia. No nos arranquéis de los brazos a nuestros bebés. Dejad que dejen de serlo cuando quieran, cuando estén preparados, no de un día para otro.

Dejadles disfrutar de lo que son: bebés grandes. No niños mayores. Que el tiempo pasa demasiado rápido y una vez se es mayor ya no hay vuelta atrás.

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