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11 cosas sobre los bebés arcoiris que quizá no sepas

bebés arcoiris

Un bebé arcoiris “es un nuevo bebé que nace después de la pérdida de uno anterior. Es el entendimiento de que la belleza de un arcoíris no niega la ferocidad de la tormenta. Cuando aparece un arcoíris no significa que la tormenta nunca sucedió o que la familia no está lidiando con su dolor. Lo que significa es que algo hermoso y lleno de luz apareció en medio de la obscuridad de las nubes. Las nubes de la tormenta pueden todavía amenazar, pero el arcoíris provee un balance de color, energía y esperanza.” (texto de la web Maternidad arcoíris)

Si se suele decir que los bebés vienen con un pan debajo del brazo, cuando hablamos de un bebé que nace después de una pérdida, hemos de saber que éstos vienen con una mochila cargada de mil emociones distintas. Por ejemplo, un embarazo lleno de miedos; una responsabilidad que sin querer les atribuimos; o la falsa expectativa de que con este bebé, ponemos fin al duelo por el hijo fallecido.

Mientras tanto, para el resto del mundo, tu embarazo es algo que lógicamente tenía que pasar después de una pérdida. Para ellos, con estos bebés arcoiris volveréis a ser felices, volveréis a ilusionaros, y el resto será un mal recuerdo. Esto sucede, en gran parte, por el tabú que supone la muerte gestacional y neonatal: la nueva vida ha de borrar aquello de lo que aún no nos atrevemos a hablar. Pero, ¿sabéis qué? Que aún hay muchas cosas sobre los bebés arcoiris que la sociedad desconoce, y yo hoy os quiero explicar algunas de ellas.

  1. Un nuevo embarazo no suele ser fácil. Después de la muerte de un hijo, un test positivo nunca más significará tener un hijo en brazos nueve meses más tarde. Se pierde esa inocencia, y se pierde para siempre. Estos embarazos suelen estar impregnados de temores que van más allá de la propia realidad de la pérdida. Porque ahora sabemos que cualquier cosa puede pasar. Porque no solamente me puede pasar lo mismo de  nuevo; es que también conozco a N., cuyo bebé falleció en su útero en la semana 31; o a V., que despidió a su hija a los tres días de nacer; o a C., que tuvo que decirle adiós a su bebé a las 11 semanas de gestación. Estamos en un punto en que hemos saboreado tanto la muerte, que no confiamos en que esta vez todo salga bien. Así que es bastante común que estos bebés arcoiris se gesten entre el miedo más atroz, y las madres nos encontramos a menudo contando movimientos compulsivamente, contando semanas exhaustivamente, y leyendo sobre índices de supervivencia según la semana de nacimiento (esto último no se si es común, pero yo sí lo viví así).
  2. Las ecografías suponen todo un reto. El momento de ver a tu bebé en la pantalla suele vivirse con mucha emoción y alegría. Pero en este caso, las visitas al ginecólogo son un momento de ansiedad y preocupación. Porque no sabes lo que te vas a encontrar en el ecógrafo, si el bebé estará bien, si habrá latido, si todo será normal. Esos encuentros se viven con un miedo muy intenso, y suele ocurrir que en estos casos el seguimiento se hace más a menudo, por lo que puede suponer toda una odisea.
  3. Existe una preocupación común acerca del vínculo con el nuevo bebé. Muchas madres sienten que no están todo lo conectadas a este bebé que deberían. Piensan que quizá no deberían sentirse felices aún, por lo que a veces evitan hablarle, pensar en el embarazo, o comunicárselo a la familia hasta que no está más avanzado. Piensan que si evitan ese vínculo, y este bebé también muere, el dolor será menor. Y después, todo lo contrario: sienten que si este bebé también muere, no le habrán dado todo el amor que merecía. Emociones muy contradictorias que implican toda una preocupación en cuanto a la relación con este bebé que está en camino.
  4. La culpabilidad está muy presente. En primer lugar, por lo que os cuento en el punto anterior. Esa sensación de que este bebé no se está llevando toda la alegría e ilusión que debiera. Y en segundo lugar, sentimiento de culpa hacia el bebé fallecido. Porque ya no pensamos sólo en él/ella, como si estuviéramos siendo “desleales” a su recuerdo; culpabilidad por volver a ser felices, a ilusionarnos de nuevo a pesar de todo con los bebés arcoiris.
  5. No somos padres primerizos. Quizá en la práctica íi. Quizá no hemos tenido la oportunidad de cambiar pañales, de dar el pecho, de educar a nuestro primer hijo. Pero hemos sido padres, hemos estado embarazadas y hemos tenido un parto antes. Es tan grande el tabú de la muerte gestacional y neonatal, que se intenta borrar todo paso que haya dejado la muerte, hasta tal punto de olvidarnos de que esos bebés arcoiris no son el primer hijo de la pareja.
  6. El postparto en duelo. Sabemos que el postparto de un hijo vivo es un momento que se vive al máximo, con un torbellino de emociones distintas. Es encontrarse con una nueva versión de tu vida, con una nueva personita que reclama todo de ti y a la que aún has de conocer. Pero si a esto le sumamos el duelo más o menos reciente por un hijo fallecido, estas emociones se multiplican por mil. Por el recuerdo del parto anterior, por la añoranza del otro bebé, por saber ahora a ciencia cierta todo lo que te perdiste. Es muy importante en esta etapa el acompañamiento y la tribu, no tenemos por qué pasarlo a solas.
  7. El entorno no ayuda. Ya os hablé en mi anterior post para BAF sobre las frases hechas a las que nos enfrentamos cuando estamos en duelo. Bien, pues en los nuevos embarazos de bebés arcoiris seguimos encontrando poco apoyo y poca comprensión. Mientras para el resto del mundo parece que no haya nada que pueda enturbiar tu felicidad, e incluso te pueden hacer sentir que así debería ser, en tu interior la realidad es otra muy distinta. Para ellos todo está bien, con este nuevo bebé ya debería pasarse “eso” que te entristece. Es muy común la sensación de que no puedes compartir con nadie tu angustia porque no lo pueden llegar a comprender
  8. Este bebé no sustituye al que falleció. Y creo que este punto no necesita de mucha explicación. Cada hijo es único, especial e irremplazable. Cada uno tiene su lugar en tu vida y en tu familia. Y por más hijos que se tengan, ninguno podrá sustituir jamás a otro.
  9. Los bebés arcoíris tienen un hermano/a (o varios). Si, ¡es así! A menudo nos encontramos con personas que nos preguntan que para cuándo el hermanito. Y sin entrar en lo entrometido de la pregunta, es que ¡ya tiene un hermano! Si, un hermano que no está presente, con el que tendrá una relación muy diferente, pero su hermano al fin y al cabo. Y qué bonito es que pueda conocerlo e integrarlo en su vida como tal.
  10. Un nuevo embarazo no supone un final feliz. No, después del parto, no comemos perdices. Seguimos estando en duelo, seguimos luchando para reconstruir nuestras vidas. La muerte de un hijo deja una huella imborrable y, aunque podemos llegar a ser felices de nuevo (se puede), nunca olvidaremos nuestro paso por el camino del duelo. No es un final feliz, ni siquiera es un final. Es un nuevo comienzo, aunque eso sí, un comienzo lleno de luz y de esperanza.
  11. Hay recursos muy valiosos para vivir este nuevo embarazo plenamente. El yoga o la meditación pueden ser buenos compañeros en esta etapa. Unos minutos de relajación al día para bajar el nivel de ansiedad, un paseo, ir a nadar… Y mi proyecto favorito, Maternidad Arcoíris , de la mano de Anna Escudé. Con él ofrece acompañamiento grupal e individual, desde la propia experiencia y la profesionalidad, a madres que estén viviendo esta nueva etapa. También podéis encontrar apoyo en el foro S.U.A (Superando un aborto), o en la página de la asociación Umamanita.

Para terminar, me gustaría contaros que, a pesar de todo lo anterior, un embarazo arcoíris nos trae de vuelta la esperanza y la ilusión. Nos reconcilia con la vida, esa que un día pareció habernos dado la espalda. Y todo se vive más intenso, más mágico, con más agradecimiento.

Se dice que los bebés arcoíris son especiales, y yo también lo creo. Tienen una sensibilidad diferente, una luz diferente, y es que se necesita mucha luz para iluminar un camino tan oscuro. Pero es que habiéndose gestado en una cuna tan especial, no podría ser de otra manera.

Gracias.

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