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A mí, mis padres sí me pegaban

mis padres sí me pegaban

Sí, mis padres sí me pegaban. No recuerdo si mucho o poco, pero lo suficiente para pasarlo mal, muy mal.

Durante los primeros años de mi infancia, era lo habitual cuando ellos pensaban que me portaba mal. Y digo “pensaban”, porque estoy seguro que había cosas que no era para tanto… Bueno, seamos sinceros: Nada es para tanto, nada justifica una agresión a un infante, absolutamente nada.

Dejemos de normalizar la violencia, empezando por mí escribiendo este post.

Mis padres cuando me pegaban no lo hacían en público, porque estoy seguro de que eran muy conscientes que aquello que hacían, no estaba bien. Al pensar en ello, me indigno en muchísimas ocasiones y entonces pienso que nunca les voy a perdonar el que me hayan pegado. Sin embargo, en otras (muy pocas) me consuelo, consciente de que si la situación no les hubiese superado, nunca me hubiesen pegado. A veces, pienso que fue el hecho de que me tuvieron muy jóvenes, su falta de experiencia, las prácticas de sus propios padres, qué sé yo… Otras veces pienso que no tienen excusa que valga, que tendrían que haberse informado, eran una generación del “cambio”, no eran para nada personas ignorantes, por lo tanto, debieron haberme mirado a los ojos para ver el daño que me estaban causando.

Algunas veces eran lo que se denominan cachetes, otras eran varias hostias, así seguidas. Lo que más recuerdo con temor, tristeza y miedo era el mediodía a la hora de comer, cuando después de las amenazas de mi madre con el mítico: “Ya verás cuando venga tu padre…”, pues mi padre llegaba del trabajo y lo demás ya os lo podéis imaginar. Me vienen imágenes de esa puerta, ese ruido de las llaves de casa, ese momento, eso es probablemente de los peores recuerdos que tengo.

Cuando empiezo a tener plena conciencia de que el hecho de que mis padres me hubiesen pegado ha estado mal, es en el preciso instante en que me convierto en padre. Es ahí, ese es el momento, ese es el instante cuando en mi cabeza (y sobre todo mi corazón) que han normalizado algo aberrante como es pegar a un niño, me dicen a gritos que eso no es lo normal y entonces… Empiezan a sangrar las cicatrices, así sin más.

De repente empiezo a encontrarle explicación a todo: Mis problemas de ansiedad, mis miedos, mis recuerdos borrosos almacenados en las catacumbas más oscuras de mi mente… Todo tiene un origen, o al menos eso creo. Y no, no soy ningún especialista para nada y tampoco ningún profesional me lo ha dicho. Sin embargo, a veces solo tienes que mirar adentro para encontrar las respuestas.

Quizás el hecho de que mis padres me pegaran no son el origen de mis problemas psicológicos, de mis continuos miedos, de mis continuas obsesiones, pero tampoco eso ha ayudado para nada.

En el preciso instante en que veo crecer a mis hijos, empiezo a ser consciente de que mi relación con mis padres no es buena. Es fría, superficial y distante. Claro que tenemos momentos de risas, por supuesto. Pero el rencor por mi parte sigue ahí, haciendo oídos sordos a lo que muchas personas dicen, eso tan banal de: “tus padres lo hicieron lo mejor que pudieron”. Y entonces yo respondo: Pues deberían haberlo hecho mejor, mucho mejor.

Sí, mejor al igual que yo. Porque tengo la sensación de que a veces, me estoy convirtiendo en mi padre. No, yo no pego ostias a mansalva, pero sí cuando pierdo los nervios, agarro fuerte del brazo a mis hijos, haciendo que siempre acaben llorando. Es como si un monstruo se apoderara de mí cuando se repiten aquellas contestaciones del pasado mías hacia mi padre que tanto le molestaban, siendo ahora mis hijos los que me contestan a mí.

Mi relación con ellos va camino de ser la relación que tengo yo con los míos, o sea: fría, superficial y distante. Y eso, me pone muy triste. Lo único bueno de todo este asunto es que lucho día a día para no perder los nervios, para que mis hijos no me vean como ese padre que se enfada siempre.

No me cabe la menor duda de que mis padres me adoran. Al igual que no me cabe la menor duda de que lo podrían haber hecho muchísimo mejor. De ahí que no pueda perdonarles, ni quiero, ni puedo. Y más cuando te encuentras con otras personas de tu generación que nunca y bajo ningún concepto, les han puesto un solo dedo encima a sus hijos. Entonces ¿por qué ellos sí? Me pregunto una y otra vez.

Con ellos nunca he hablado del tema y tan solo en una ocasión mi padre me dijo que estaba muy arrepentido de haberme pegado. Me quedé helado y no supe qué decirle, porque no me esperaba que me dijera eso. Fue su manera de pedirme disculpas y quizás debería aceptarlas o quizás no, no lo sé.

Tengo una amiga que me dice siempre que tienes que querer a tu padre y a tu madre porque tu eres mitad de uno y mitad del otro, por eso no puedes odiarles, porque entonces, es como odiarte a ti mismo. Quizás tenga razón, quizás no.

Lo que tengo claro, es que estoy triste y resentido.

Y por eso alucino al ver cómo en pleno siglo XXI, esté en algunos sectores de la sociedad tan normalizado el cachete, el “una buena ostia a tiempo” o el pegar cuando se crea necesario. Me alucina y me entristece porque señores, nosotros tenemos mucha más información a nuestro alcance que nuestros padres y abuelos. Porque señores, no está justificado ningún tipo de violencia… Y porque señores, los niños son la parte de la sociedad más indefensa y sobre todo nuestro futuro. Así es que por favor, intentemos entre todos que tengan una infancia lo más feliz posible, sin miedos, sin amenazas y sobretodo sin violencia.

Estoy seguro de que algún día seré un buen padre. Estoy seguro de que mis hijos nunca escribirán un post como este cuando sean grandes. Estoy seguro de que algún día mi relación con mis padres, será mucho mejor que la de ahora.

 

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5 Comentarios

  • Responder
    Itzel
    22 septiembre, 2017 at 6:42 am

    Como siempre maravilloso y como siempre inspirador! Gracias por compartir en cada palabra tu corazón. Un abrazo

  • Responder
    Conciliando por la vida
    22 septiembre, 2017 at 6:46 am

    Me siento muy identificada con todo lo que cuentas. Yo soy hija de padres separados (o nunca arrejuntados), y los primeros 10 años que viví con mi madre, imperaba la ley del cachete (en el culo, bien cogida del brazo) cada vez que mi madre no sabía controlar la situación.
    A veces, ahora que soy madre, entiendo que mi madre, ella sola al cargo de 3 se viera abrumada, y entiendo que ella llevaba cargadas mochilas de como sus padres, en especial mi abuelo, la educaron a ella. Pero como bien dices, yo no puedo perdonar eso.
    Es dificil salir de esa espiral, y es muy probable que no sea del todo justo culparlos a ellos de todas nuestras mochilas, pero lo hecho, hecho está. Y hay cosas que por mucho que nos digan que deberíamos aceptar, no podemos aceptar.
    Solo nos queda intentar olvidar el pasado, reconciliarnos con nosotros mismos, y luchar por ser mejores que eso. Aunque a veces esa impronta que nuestros padres plantaron en nuestro ser se intente apoderar de nosotros.
    Solo nos queda intentar, de verdad, hacer las cosas lo mejor posible.

  • Responder
    Madres estresadas
    22 septiembre, 2017 at 7:08 am

    Aayyssss, mi generación, y supongo que tus padres serán poco mayores que yo, tuvo un condicionante enorme. Somos los hijos de la generación del miedo y los traumas provocados por una guerra y una posguerra llena de silencios y miedos.

    Yo creo que no se trata de perdonar, si no de entender. Y de sacudirte recuerdos y culpas y pensar que ahora lo estás haciendo bien
    Un besazo

  • Responder
    Lucía T.R.
    22 septiembre, 2017 at 7:54 am

    Yo tengo el recuerdo de 2 tortazos bien dados por mi padre, pero siendo ya mayorcita, por contestona y repelente, pero de la niñez no recuerdo que me pegaran. No lo vivo como algo traumático, no he crecido con miedo ni asustada, pero tampoco le pongo la mano encima a mis hijos.

  • Responder
    En la lucha de ser mejor madre
    22 septiembre, 2017 at 8:50 pm

    No te imaginas lo identificada que me siento!! Una madre que cada vez que perdía los nervios (de forma frecuente) lo arreglaba a hostias, a veces con la mano, a veces con el cinturón, a veces con lo primero que tenía a mano. Se que tuvo una video difícil, y una cosa que agradezco (y odio al mismo tiempo), es que con mis hermanos no fue tan violenta. Llevo la mayor parte de mi vida intentando superar la sensación de que no soy sufiente, no merezco cariño, o que sencillamente no me quieren…

    Mi padre me pego contadas ocasiones, pero permitió que ella si me pegara de forma habitual. A nivel racional lo entiendo, per me sigue hiriendo…

    Ahora soy madre, y como el autor lucho por controlar el monstruo que tengo dentro. Intento ser todo lo amorosa, cariñosa y mimosa que nadie fue conmigo de peque… Pero es jodido, y a veces, le grito… A veces la pillo de un brazo más fuerte de lo que debo, y la veo a los ojos y veo el pánico que yo sentía. Voy a dejarme la piel para que mis hijas nunca nunca se sientan como me he sentido yo, para que se sepan amadas y queridas… Tal cual como son. Y sobretodo que nunca me tengan miedo…

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