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¿Qué estamos creando? A mí me gusta crear felicidad

crear felicidad

Desde que soy madre alucino con muchas cosas, es como ir descubriendo mundo, abriendo nuevas dimensiones, situaciones que pasan en torno a ellos y con ellos, con esos locos bajitos a los que llamamos hijos y a los que queremos convertir ¿en qué? ¿Sabemos crear felicidad?

Soy mamá primeriza de mellizos y muy novata en el peque mundo del que me rodeo desde hace 4 años.
A veces me viene a la cabeza una pregunta: ¿realmente estamos creando niños repletos de felicidad? ¿Niños que se conviertan en adultos felices? Siguen nuestros ritmos, nuestros horarios, nuestros madrugones, las prisas antes de dejarlos en el colegio, porque 3 minutos de entretenimiento pueden hacer que lleguemos tarde a trabajar, el estrés de buena mañana. Prisas con el desayuno, con la comida, con los hábitos de higiene… venga haz pipí ya ¡que no llegamos! Que levante la mano el que no lo ha soltado por su boca al menos una vez.

Alargamos sus 8 horas diarias de colegio como si no hubieran tenido suficiente y los apuntamos a todas las extraescolares para las quue nos de el bolsillo, porque claro con 4 añitos ya tienen que ir formándose en música, idiomas, matemáticas o prepararse para ser deportistas de élite, no importa si es fútbol, kárate, atletismo, natación o tal vez ir haciendo cuerpo con el baile, el ballet, la danza… Luego se nos pasa añadir las clases de yoga, de mindfulness porque claro, están nerviosos, excitados ¡no paran! Normal les pegamos el subidón y luego hay que relajarlos.

Aunque lo más importante es pensar en convertirlos en algo, que sean los mejores, importantes en aquello en lo que nosotros creemos, en eso a lo que la mayoría de veces ni siquiera les damos la opción de escoger.
Hay días en que en sus vidas no existen ni siquiera 10 miserables minutos de parque en los que poder disfrutar revolcándose en la tierra.

Escogemos sus amistades en función de las que hagamos nosotros con el resto de padres en el corrillo de la puerta del cole, escogemos a qué fiestas de cumple van y a las que no, e incluso el regalo de sus amiguitos mientras ellos ignoran por completo el mamoneo que suele cocerse detrás de todo eso entre los adultos.
A toda esta porción de sus vidas añadimos el ¡NO! a sus peticiones porque no se han portado bien. Pero, ¡qué leches! ¿Qué más queremos pedirles? ¿Cuántas horas al día disfrutamos junto a ellos de aquello que realmente les gusta? Y nos quejamos y seguimos exprimiéndolos cuando nos dicen que están cansados, cuando lloran, cuando interrumpen lo que estamos haciendo porque lo único que piden es nuestra atención.
Dioooos!!!! Cada vez que lo pienso me siento tan mal! ¿Qué narices estamos creando?
Esta no es la infancia que yo viví y disfruté. La que quiero para ellos.

 

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