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Asignatura pendiente: la educación emocional

Educación emocional

 

No hace ni un mes que ha empezado el nuevo curso y sigo echando de menos en el horario escolar una asignatura o un tiempo de “Educación emocional“.

Sí, es cierto que en el cole de mis hijas se están introduciendo cambios bastante visibles. Se está dejando de lado el trabajo puramente individual en favor de más trabajo colaborativo. Las palabras textuales de una de las profesoras fue:

No queremos niños loro, que aprenden todo de una tirada, lo vomitan en el examen y al día siguiente lo olvidan, porque entonces no sirve de nada.

Y sí tienen un pequeño tiempo de aprendizaje emocional, pero creo que no es suficiente. Sobretodo en las etapas en que los cambios empiezan a ser mucho más notables. Ya os conté que yo tengo una preadolescente en casa que era (bueno, a veces lo sigue siendo) una bomba de relojería gracias a su proceso de pubertad.

Ya sé que el factor hormonal es algo que no se puede controlar y que hasta que no le venga el periodo y sea regular, todo ese batiburrillo que tiene dentro de ella no se empezará a estabilizar, pero ¿y si les enseñamos a gestionarlo mejor?

Creo que las emociones nos rigen en varias etapas de nuestra vida y si no sabemos gestionarlas podemos acabar teniendo problemas mayores.

Las emociones siendo un niño

Cuando mi hija mayor tuvo su primera rabieta (confieso que ha tenido pocas) me di cuenta de que lo que le estaba provocando esa rabia era su frustración a no poder conseguir lo que quería, pero también a no poder soltar su rabia verbalmente. Porque por aquel entonces ya hablaba, pero no con el suficiente dominio de la palabra como para poder expresarse en su plenitud.

En las pequeñas también he visto ese atisbo de rabia y frustración, menos que en la mayor, pero ahí estaba. Pero a esas edades creo que es muy difícil hacerles entender las emociones. Hoy día existen varios libros maravillosos que se las explican desde bien pequeños. Estoy segura de que casi todos conocéis el Emocionario o el Monstruo de Colores. Para los más pequeños (y no tan peques) son una gran ayuda a la hora de explicarles que eso que sienten y no entienden son emociones y se pueden controlar.

Pero me da la impresión de que por mucho que empecemos a sembrar la semilla del reconocimiento de las emociones, gestionarlas a edad temprana no es fácil (personalmente creo que es imposible). Lo veo en mis hijas de 8 años. Ellas pueden reconocer más o menos lo que sienten, pero gestionarlo no se les da nada bien.

Las emociones en la pubertad femenina

Según los médicos el inicio de la pubertad (como algo físico) puede darse a partir de los 8 años hasta, aproximadamente, los 13. Imaginad esos cuerpos, aún de niña, empezando a experimentar cambios hormonales. Si le sumamos que ya empiezan a definir su identidad, su yo personal, la mezcla es maravillosamente explosiva.

Pero esa madurez hace que sean capaces de reconocer mucho mejor sus emociones y que sepan gestionarlas. Para mí, esa es la etapa en la que la educación emocional debería ser obligatoria. Me encantaría que fuese una asignatura escolar, pero eso no quita que los padres debemos implicarnos en ello. Tenderles la mano cuando están tan frustradas porque no entienden qué les está pasando, e intentar explicarle como controlarlas o, al menos, como intentarlo.

Mi experiencia personal con la educación emocional

Hablo de emociones femeninas porque son las que conozco como mujer y como madre de niñas. No soy psicóloga ni maestra, así que no me atrevo a hablar de nada que no haya experimentado en primera persona. No tengo ni la más remota idea de cómo tratarlo con los niños, aunque no creo que sea muy diferente a las niñas.

Ver a una niña de 11 años luchando consigo misma por no saber lo que le pasa es muy frustrante. En cambio, ver cómo se para y reflexiona ella misma sobre qué le pasa y cómo debe, al menos, intentar gestionarlo te hace la vida mucho más fácil.

Por razones que no vienen a cuento, yo me vi completamente perdida en mi etapa adolescente, con heridas abiertas de niña que derivaron en problemas emocionales que se fueron agravando con los años. Por eso siempre tuve claro que no quería lo mismo para mis hijas.

Desde que se puede dialogar abiertamente con ellas, les he intentado enseñar lo más básico:

  • No hagas nada porque lo hagan los demás, sino porque tú quieres hacerlo
  • No cambies por nadie. Nunca.
  • Se fiel a tus principios, pero siempre defiéndelos con respeto.
  • Respeta a los demás si quieres ser respetado.
  • Y mi lema de vida: Nunca digas o hagas nada que no quisieras que te dijeran o hicieran a ti.

Tras cada conflicto intento que cada una se ponga en el lugar de la otra y piensen si les gustaría que les dijeran lo que ellas han dicho. La mayoría de veces funciona un rato. Las minis se olvidan pronto pero la mayor se lo piensa dos veces (a excepción de cuando las otras se ponen en plan “vamos a probar cuánto tardas en saltar” que entonces no controla lo que sale por su boquita).

Como yo no soy capaz de gestionar ciertas emociones propias, ellas tienen una “profe de las emociones” que las ayuda a reconocerlas y gestionarlas. Llevan un año y os aseguro que el cambio que he visto en mi hija mayor es abismal. Aunque ella cree que no ha aprendido nada, cuando la oyes hablar te das cuenta de que se le ha inculcado una seguridad en si misma que ojalá hubiese tenido yo a su edad.

Vale, mis hijas tienen un problema las tres y es que no tienen filtro entre el cerebro y la boca. Pero poco a poco es algo que conseguiremos. Nadie dijo que fuera un trabajo rápido. Sé que todo esto es una inversión lenta y de cara al futuro. Porque la adolescencia es lo que es, pronto empezarán las frases típicas del “¿y tú qué sabrás?” o el “es que no me entiendes”, pero ella tiene herramientas que yo no tuve para reconocer las amistades tóxicas, incluso la pareja tóxica. Sabe ya diferenciar entre amig@, colega, compañer@ o, simplemente, conocid@.

Que se va a llevar palos en la vida, eso es segurísimo. Vamos, no creo que exista ser humano que no haya tropezado varias veces con la misma piedra o que no se haya llevado disgustos por creer en que una persona era de una manera y resultó ser de otra. Pero no es lo mismo caerse y tener herramientas para volver a levantarte, que caer a pelo y no saber cómo salir del agujero.

A día de hoy os recomiendo encarecidamente que trabajéis las emociones con vuestros hijos, sobretodo los que más cerca están de la pubertad. No hace falta ir a ningún profesor o psicólogo, hay muchísimos libros en el mercado que te ayudan a trabajarlo en casa. Uno de mis preferidos es el Emocuaderno de Cristina Gutiérrez, pero es porque conozco su método desde hace mucho tiempo y para mí es una de las mejores en este campo.

¿Trabajáis la educación emocional con vuestros hijos? ¿Y vuestros colegios? Queremos conocer vuestras experiencias.

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2 Comentarios

  • Responder
    Mamacuchufleta
    9 octubre, 2017 at 6:14 am

    Para empezar te diré que tenemos el mismo lema de vida, que casualidad, ya decía yo que me caías bien jajaja

    Bromas a parte, a mi también me parece un tema súper importante a tratar, aunque Enzo tiene solo 2 años, intento introducir el tema, con el libro que comentabas, el monstruo de colores, pero creo que no va a ser nada fácil, tengo un peque muy de rabietas!!!

  • Responder
    Brigitte
    19 octubre, 2017 at 2:33 pm

    Me ha encantado este post porque siempre he considerado que la comunicación es la base de todo. Y para que uno pueda comunicarse tiene que conocerse, conocer sus emociones y gestionarlas sino puede que el mensaje que llega a los demás no sea el correcto.
    Con una niña con gran discapacidad y preadolescente efectivamente el tema de las emociones que se desbordan es el pan de cada día.
    Tienes la suerte de poder comunicar con tus niñas verbalmente, (nosotros tenemos que hacerlo de distinto modo), tu predisposición a ayudarles en entender y gestionar sus emociones es magnífico, que no tengan de momento filtro entre lo que experimentan y lo que expresan por su boca no es un problema, lo bueno es que lo exteriorizan !!!
    Personalmente a parte de los cuentos y los mandalas para colorear, para relajarse y pensar… soy muy fan de la caja de la calma o como se llame para practicar yoga con los más pequeños y los ejercicios de soplo y respiración…y mi gran descubrimiento el mindfulness !!! .

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