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La otra dimensión digital

otra dimensión digital

Los padres asistimos a la creación de una nueva dimensión digital en la que viven nuestros hijos y lo peor es que lo hacen solos. Podemos mirar hacia otro lado o podemos conocerlo y reflexionar sobre ello. Después cada uno elegirá cómo rescatarlos.

Nuestra sociedad se ha ganado a pulso lo que es. Durante años se han establecido leyes, normas, reglamentos y códigos morales y éticos no escritos, que todos , en mayor o menor medida, seguimos para llevar a cabo una buena convivencia y el logro de nuestras aspiraciones. Es un sistema que tiene sus fallos, como dudarlo, pero se retroalimenta y con ello el propio ciudadano lo va modificando para su mejora. Esta es nuestra sociedad, la dimensión en la que vivimos y convivimos.

Pero asisto a la existencia de una segunda dimensión, desconocida para muchos, en el plano digital, oculta, incluso a veces anónima. Allí desaparecen los complejos, también aparecen otros, allí todos son valientes, se pierde el lastre de lo emocional, de la empatía, de la conciencia.

Allí podemos ser quien queramos ser, incluso podemos mostrar a varios “yo”, que seguramente estaban dentro, pero sólo dejábamos vivir a uno de ellos en el escenario de la sociedad.

Por eso en la dimensión digital no rigen las leyes, normas y códigos que rigen en la sociedad, cada uno es libre de seguir las normas que crea y quiera, incluso se puede regir por la ausencia de ellas.
Es un mundo a espaldas de los adultos, allí nadie les alecciona, nadie les corrige.
Un lugar así no suena muy alentador, se me antoja inseguro. No es un buen lugar para vivir y menos para educarse y crecer.

La peor noticia de todas no es que un lugar así exista, lo peor es que nuestros jóvenes (la gran mayoría) se han ido a vivir allí. Nos han abandonado, nos han dejado con nuestra sociedad y se han largado a su dimensión digital a vivir y convivir. Se han ido a la isla de los niños perdidos, como en la obra de Peter Pan. La segunda peor noticia es que estos niños se encuentran allí solos. Sin la guía de ningún adulto, viviendo sin rumbo , solo el impuesto por algún que otro niño.
Ese escenario que se suponía habíamos creado para generar nuestro desarrollo y evolución como especie, ha anidado esta extraña dimensión digital.

De vez en cuando nos llegan noticias de sucesos espeluznantes que tienen lugar allí, acosos, abusos, ilegalidades, sexismo, racismo, insultos… Pero ¿ cuánto más sucederá que no llega a nuestro conocimiento? ¿Estará participando mi hijo, o el tuyo? ¿Cómo está viviendo mi hijo allí? ¿Qué leyes, normas o códigos está adquiriendo allí?

No podemos culpar al medio, al escenario, porque se creó como eso, como herramienta que nos sirva para progresar. Y lo está haciendo a ritmo vertiginoso. Está cumpliendo con su función.

Pero quizá debamos asumir nuestra culpa y responsabilidad de mirar a otro lado mientras en su seno se construía la “nueva dimensión”. Y la pregunta, llegados a esta situación, es : ¿podemos hacer algo ahora? Siempre se puede hacer algo hasta que llega el fin. Podemos regular y supervisar al igual que hacemos con los contenidos televisivos. Podemos incluso determinar cuándo se es apto o no para su posesión. Se puede acompañar en su uso… Todo eso que como padres hacemos en otros aspectos de su vida.

Utilizaré un símil en esta ocasión que creo que no va desencaminado: igual que no dejaríamos solos a nuestros hijos en una jungla salvaje, tampoco podemos dejarlos solos ante las redes. Porque les pueden suceder dos cosas: que acaben devorados o que se conviertan en salvajes . Podemos pensar que tomar medidas con nuestros hijos puede mermar nuestra relación con ellos.

Creo que tenemos demasiado miedo y muy poca confianza en nosotros mismos. Y también muy poca memoria, porque nosotros también tuvimos luchas con nuestros padres y ahora comprendemos y agradecemos sus correcciones. Si ponemos en valor el amor hacia nuestros hijos no tenemos otra alternativa que protegerlos. Y ganaremos puntos a nuestro favor si cuando les corregimos les hacemos saber que la corrección nace de ese amor. Creo que llegados a este punto nuestra única herramienta es recurrir a ese “cerebro emocional” de todo ser humano.

Por otra parte tenemos que ser creativos para lograr atraerlos de nuevo a “nuestra dimensión”. Nos toca seducirlos para que deseen quedarse aquí con nosotros y vivir en esta sociedad con sus normas y valores. Tremenda la tarea y nadie mejor que un padre o madre para conocer a su hijo y descubrir cual será la mejor estrategia.

Aquí no doy consejos, pues aquí el traje es “a medida”

Podemos mirar hacia otro lado o podemos conocerlo y reflexionar sobre ello. Después cada uno elegirá cómo rescatarlos.

 

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