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Los 5 “nunca” que salieron de mi boca antes de ser madre

nuncas de mi maternidad

¡Qué buenos padres éramos todos antes de tener hijos! ¿Verdad?: “Mis hijos nunca harán eso“. “Nunca voy a ser ese tipo de mamá“.
Si alguna vez has dicho estas cosas, es probable que no tengas hijos, o los haya dicho antes de tenerlos. Las personas sin hijos a menudo tienen grandes ideas sobre la crianza, la mayoría de la veces acaban comiéndose sus propias palabras con el tiempo.
Para no ser menos, estos son los 5 “nunca” que salieron de mi boca antes de ser madre. Y aquí estoy, tragando saliva para que vayan pasando las palabras sobre mis nuncas de la maternidad.

“Nunca me verán con esas pintas”

La maternidad no interferirá con mis elecciones de moda. Continuaré siendo moderna y saldré de casa peinada y bien vestida. No voy a ser una de esas madres que dejan a los niños en el colegio con lo primero que han pillado en el armario y con restos visibles del maquillaje de ayer.
Os digo una cosa, ¡qué pena doy! En serio, me parece mentira haber dicho eso en alto alguna vez.
Hay una imagen por ahí que dice: “o me levanto temprano o me levanto amable, no puedo con todo”. Pues eso es precisamente lo que me pasa con mis hijos. Si hago un esfuerzo de más por ir razonablemente vestida y arreglada por la mañana y no parecer una bruja en público, mi barra de ternura cotidiana baja. Lo de ponerme pintalabios, es que no recuerdo la última vez.
Y, aunque gracias a Dios no es lo normal, lo hice una vez, lo confieso, fui a llevar a mis  hijos al colegio y llevaba los pantalones de pijama (en mi defensa he de decir que eran de tela elástica y negros, no de dibujitos), y una sudadera, con el pelo recogido en una coleta… y sin sujetador… triste pero cierto.

“Mi casa nunca estará desordenada”

No tendré campos de minas LEGO corriendo por mi pasillo. No habrá una bañera de plástico llena de jabón y barbies desnudas y sin cabeza en el baño. Los invitados se sentirán cómodos sentados en mi sofá para disfrutar de una copa de vino sin tener que verificar para asegurarse de que no estén sentados en lo que solía ser un plátano.
Tendremos juguetes vintage de madera que brinden la cantidad apropiada de estimulación mental al mismo tiempo que contribuyan al ambiente estéticamente agradable en nuestro hogar.
Oh, sí. ¡Ay alma de cántaro, qué ingenua!
Ven a mi casa hoy y parece que el hada de los juguetes de plástico nos ha visitado y ha vomitado en todas las habitaciones. Y mientras me esfuerzo porque mi precioso salón sea un lugar sin comida pegada (yo miraría antes de sentarme), el vino definitivamente te lo serviré en una taza de plástico.

“Mis hijos nunca comerán eso”

Nunca seré una de esas mamás que hace comidas diferentes a cada niño. Nos sentaremos juntos todas las noches como una familia para cenar. Esos repugnantes nuggets de pollo procesados ​​nunca tocarán los labios de mis hijos, ¡NUNCA! Si les presentamos los alimentos “correctos” cuando son pequeños, crecerán aprendiendo a apreciar la nutrición.
Debía estar en coma etílico cuando dije todo eso… o algo parecido, porque no se pueden decir tantas tonterías juntas.
La semana pasada, uno de los días cenamos huevos fritos con un trozo de tomate cada uno porque a alguien se olvidó de ir a la tienda a comprar alimentos básicos. No diré quién.

“Nunca dejaré que mis hijos jueguen con el móvil para tenerlos tranquilos”

Perdonarme, es que aún me estoy descojonando de pensarlo.
Mis hijos se sentarán tranquilamente en su silla de paseo y no necesitarán que Peppa Pig o Pocoyó los tranquilice para poder hacer la compra con algo de tranquilidad. Seremos “esa familia” que puede ir unida a cualquier restaurante y apreciar una excelente experiencia gastronómica desde bien pequeños (y por la buena mesa, me refiero a un lugar con manteles).
Para empezar, procuro ir a comprar sin ellos para que no me den las tres mil horas allí y mi hija acabe pataleando con una de sus rabietas porque quiere un Huevo Kinder. Y si me veo en la obligación de llevármelos, me llevo las tablets si hace falta y pido la contraseña WIFI de Mercadona, pero necesito paz mental. Se nos ocurrió una vez  sentarnos en un restaurante al lado de una pareja sin niños… ya no se nos ha ocurrido nunca más.

“Nunca, jamás, conduciré un monovolumen”

En mi caso es cierto, nunca he tenido de momento, un monovolumen, pero sí he tenido que dejar aparcado mi precioso deportivo y comprarme un SUV, que tengo que deciros que me gustan menos que nada, odio los coches altos.
Mi coche parece una juguetería, siempre lleno de migas por todas partes ¡da igual las veces que le pase el aspirador! SIEMPRE hay algo pegado en algún sitio. Y por supuesto con DVD, bolsas con departamentos detrás de los asientos para meter los tres mil trastos que llevan con ellos…
La próxima vez que una persona sin hijos o una nueva mami lance este tipo de “sabiduría” para los padres, solo sonríe y asiente. Creo en el karma y con eso y un poco de suerte, encontrarán el momento justo de comerse sus palabras, aquello que dijeron que nunca harían cuando nos vieron a nosotros haciéndolo… y lo que daría por estar ahí para verlo.

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