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Cuento de terror: cuál es la edad ideal para perder la magia de la Navidad

edad ideal para perder la magia de la navidad

Ahora que la Navidad ya nos ha abducido a todos, déjame que te cuente una historia de terror navideño. Un cuento no apto para tus mini-yo, advertido quedas… Cualquier coincidencia con la realidad es pura verdad.

Érase una vez una profesora motivada. 

Una profesora de quinto de primaria. Sí, lo que antes era quinto de EGB, ¿te acuerdas de aquella época? Tenías más o menos 10 años, depende de cuándo hubieras nacido. Y seguramente, tú ya sabías… Sabías quiénes eran tus padres, esos seres antes endiosados que de pronto pillaste escondiendo cajas bajo la cama o en un rincón perdido del armario. ¿O quizá aún eras inocente? ¿O quizá simplemente te hacías el loco y jugabas al gato y al ratón, espiando por las esquinas a tus Reyes particulares pero haciendo creer con disimulo -sí, tú creías que disimulabas bien- que aún escribías cartas de amor a Melchor, Gaspar y Baltasar? Bueno, te sitúas, ¿no? Sigo…

Érase una vez una profesora motivada que decidió enviar una práctica a sus alumnos, una lectura de temas de actualidad para enseñarles a ser críticos, para debatir. En el mundo había muchos e interesantes artículos de prensa y temas para generar intensas discusiones argumentadas. Quizá el consumismo navideño. Quizá el cambio climático que tipos como el presidente de Estados Unidos, esa primera potencia mundial, niegan. Quizá las tallas de la moda y su relación o no con los transtornos alimenticios. Quizá la situación política, las guerras, Siria y los ya cientos y miles de refugiados olvidados, la influencia de los YouTubers en los jóvenes, el peligro de las redes sociales o de no estar presente en ellas… ¡Qué sé yo, se me ocurren temas hasta el infinito! Pero la cuestión es el tema que escogió la profesora en cuestión de nuestra historia.

¿Adivinas?

Nada mejor a tres semanas de Navidades que un texto donde claramente se decía aquello de “los ejem, ejem, son los padres.

… Pausa de tensión…

– Profesora – dijeron parte de los alumnos de quinto que habían pasado recientemente “al otro lado” – es que tenemos un problema, hace un par de años que muchos de nosotros hacemos un esfuerzo por mantener la magia, estamos en la lado de jugar a mantener la ilusión de nuestros compañeros que aún no lo saben… Es que algunos no lo saben, no sé si lo ha tenido en cuenta…

Y la profesora hizo oídos sordos.

Envió la práctica para leer en casa.

Y en algunas casas llegó el drama.

– ¡Me has mentido!

– ¿Por qué no me lo dijiste antes?

– Yo no quería creerlo, ya no parece Navidad.

Los padres, indignados, hicieron arder el grupo de WhatsApp. Normalmente moderados, había muchos enfados. Un grupo de delegados decidieron ir a hablar con la profesora, antes que ir con el cuento a dirección, en nombre de los padres -no se recuerda ningún otro tema que generara tanta unanimidad-. Armados de argumentos sobre el respeto de las opciones y las maternidades de cada cuál, los padres, que jamás habían interferido en la labor de un profesorado por el que tenían gran respeto, hablaron con la profesora.

Y ella, sintiéndose atacada y altiva, respondió.

Ya tienen edad para saberlo – dictaminó.

Y aquella Navidad, la magia, se apagó bruscamente.

** Fin **

 

Esta bonita historia, lamentablemente, es real. No, no me ha pasado a mí directamente, pero ha pasado cerca de mí. Por suerte, mi par de dos tienen la inocencia de los siete años y están en una especie de nebulosa donde todo es posible y mágico. Como dicen ellos, “tienes que confiar, si confías, sucede”. Y sucede, vaya si sucede: el Tió caga chuches cuando le das de comer y le cantas, el árbol de Navidad brilla, la carta de Papá Noel ha sido enviada, y la de los Reyes Magos, también, por supuesto. Con un poco de moderación. Como os conté el año pasado, la lucha contra el consu mismo es difícil y nosotros nos hemos rendido un poco, pero hemos conseguido encontrar alguna lógica: hay 4 personajes mágicos, pues 4 deseos de regalos, y punto.

Pero cuando me contaron esta historia, lo primero que vino a la mente fue, “¿con qué derecho? ¿Quién le ha dado permiso?”. Entiéndeme. Respeto muchísimo a los profesores y su trabajo; aunque no esté siempre de acuerdo con su trabajo, siempre, SIEMPRE, les apoyo en sus decisiones ante mis hijos -y si hace falta les planteo mis dudas en privado-. Es una cuestión de que sigan siendo un referente de autoridad para mis hijos. Pero…

A esta profesora se le ha ido la pinza. No entro aquí a valorar si mentir sí o mentir no, si está bien o mal esta construcción que mantenemos entre muchos, cada familia tiene derecho a decidir cómo vive las Navidades y cómo gestiona el tema. ¡Hasta la publicidad y los comercios y los actos de Navidad en todos los pueblos de España entran en el juego! Y va esta señora y decide que “ya es hora”, que “ya tienen edad para saber la verdad”. ¿Perdooooonaaaaa?

Respeto mucho a quienes deciden que no quieren mentir, a quienes deciden que no va con ellos, a quienes deciden que es lo mejor del mundo… Pero creo sinceramente que nadie tiene derecho a inmiscuirse en cómo lo vive cada cuál, sobre todo cuando sabes que tarde o temprano todo el mundo lo acaba sabiendo, cuando ha de ser, es. Se le ha ido la pinza, porque no era necesario escoger este tema, hay otros muchos que son interesantes para debatir. Y sí, 10 años parece que sería una edad adecuada para saber, pero no puedes estar seguro que así es. No sólo esta profesora no puede estar segura, si no que podría haber consultado. O cuando los alumnos que sí sabían acudieron a ella, podría haber cambiado de opinión. Pero no, optó por ser altanera, por erigirse en juez y parte y decidir, unilateralmente, que “ya era hora”. Y la verdad, así no.

Así no quisiera yo que mis hijos perdieran la magia de la infancia. Preferiría que fuera una transición progresiva, sin traumas, donde si ellos se cuestionan y preguntan, reciban una respuesta sincera, un “y tú qué crees” seguido de una explicación del por qué, de que la magia sigue siendo reunirse cada Navidad toda la familia y tener gestos de cariño, a través de regalos, por qué no.

Quisiera que fuera anecdótico y un poco de chiste. Como esa Navidad que viajé con mis bebés a la casa familiar y los sobrinos mayores estaban en la frontera de la inocencia. Estábamos confabulando sobre las compras de Reyes y, ¡ups!, el interfono de los bebés estaba encendido… Pero luego todo el mundo se hizo el loco, como si nada, fuera a ser que de pronto no hubiera paquete que desenvolver.

Quisiera que a mis hijos les pasara como a mí cuando tenía seis años. Que me disfracé de paje del Rey Baltasar, me pinté la cara de negro -entonces era lo que se hacía, no teníamos muchos negros de verdad en el pueblo-, vi al Rey Mago pintarse de negro, y… ¡Me lo creí! ¡Igualmente me lo creí todo! Pensé que él mismo con la carroza había pasado por mi casa a dejarme el regalo… No recuerdo mayor emoción que mi viaje en carruaje con el Rey Baltasar.

Quisiera que todo sucediera con respeto. Como el año pasado que mi familia suiza miraba con sorpresa toda la parafernalia de Papá Noel, el Tió y los Reyes Magos. Se quedaron un poco frustrados por depositar un paquetito en nombre de Papá Noel en vez de dejar un regalo bajo el árbol en su propio nombre, como gesto de cariño de la familia. Pero se adaptaron, y disfrutaron mucho de la gran ilusión y fantasía de los mellizos. Sobre todo, respeto.

Respeto por la magia. Porque quizá, no hay edad para creer que las cosas pueden suceder. Porque ser feliz es vivir con ilusión. Incluso de mayor. Porque si crees, sucede. Y si no sucede, quién te quiere hará que suceda. 

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11 Comentarios

  • Responder
    Lucía T.R.
    22 diciembre, 2017 at 11:37 am

    A mí me parece tremendo. Si se enteran de algo por sus propios medio, pues mira, lo mismo da con 5 años que con 10 o con 15, pero porque sí, porque a ella le parece que ya es hora… En fin, que en cada familia decidan estas cuestiones, que no todos los niños tienen la misma sensibilidad.

    • Responder
      Celia Ramón
      22 diciembre, 2017 at 7:33 pm

      ¡Tremendo de verdad! Seguramente la ley natural hubiera hecho que fuera el último año, pero no era necesario forzarlo…

  • Responder
    Mamá en Bulgaria
    22 diciembre, 2017 at 8:00 pm

    Yo la mato, y mira que respeto muchísimo la labor de los profesores. Pero a eso no tienen derecho, vamos hombre.

    • Responder
      Celia Ramón
      27 diciembre, 2017 at 7:28 am

      Yo opino igual, me hubiera costado mucho, respeto mediante, quedarme callada

  • Responder
    Nueve meses y un día después
    22 diciembre, 2017 at 8:33 pm

    Alucino. ¿Con qué derecho? En cualquier caso debe ser una persona “especial”, porque son ganas de meterse en jardines ya que, si haces eso, está claro que vas a recibir quejas.

    • Responder
      Celia Ramón
      27 diciembre, 2017 at 7:27 am

      Quiero pensar que no se lo pensó muy bien… Me sorprende que alguien quiera meterse en semejante lío…

  • Responder
    mamaoveja
    22 diciembre, 2017 at 10:09 pm

    ¡Madre mía! Yo me vi como maestría este año en una situación muy delicada. Una niña de quinto (10/11 años) me vino a preguntar:
    – Es verdad que los Reyes son los Padres? Primero pensé que era una coña y que ya lo sabía, pero vi sus ojos anhelantes de respuesta. Lo que pensé es que ya está en edad para saberlo, pues las miradas jocosas de sus compañeros hacían que me diera pena la muchacha, pero si ella aún cree en la magia, no me corresponde a mí contarle la verdad. Son sus padres los que tienen que ocuparse. Os doy la razón.

    • Responder
      Celia Ramón
      27 diciembre, 2017 at 7:26 am

      Debe ser una situación muy delicada y como profesor es para pasarlo mal. Pero creo que fuiste respetuosa e hiciste bien. Seguramente yo hubiera hablado con los padres para advertirles que tienen una conversación pendiente. Desde luego es complicado.

  • Responder
    Judit
    23 diciembre, 2017 at 11:11 am

    Que te has equivocado Célia y en realidad era el grinch disfrazado de maestra. Con lo bonito que es jugar a mantener ilusiones!

  • Responder
    Nica
    5 enero, 2018 at 5:51 pm

    Qué pasada!, desde luego que eso es una labor que corresponde a los padres.
    Ningún derecho tienen de quitar o determinar cuándo es el momento para quitarles la ilusión ,,o no..

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