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El buen hábito de leer cuentos

buen hábito de leer

En un mundo cada vez más digital, convencer a los niños de que leer un libro es algo fructífero y divertido es, cuanto menos, una epopeya.

Es todo un ritual que cualquier padre y madre han llevado a cabo con gran entrega y ternura. Un buen baño, una buena cena, un momento de caricias mientras les ponemos el pijama. Y el relato de un cuento maravilloso para caer en los brazos de Morfeo. Sabemos además que el momento del cuento antes de dormir es su favorito. De hecho , si cerramos los ojos incluso podemos transportarnos a ese momento de nuestra niñez. Es innegable que esta narración por parte de los padres está carga de afectividad. Crea un lazo emocional con la literatura que años después tristemente se rompe. Pero ¿por qué?

Analicemos un poco por qué el hábito de leer tiene esta carga emocional. En mi opinión, principalmente por dos factores: la fantasía y la socialización.

La fantasía es una necesidad humana

Aunque parezca lo contrario, los niños necesitan la fantasía para delimitar y conocer la realidad. Saben perfectamente lo que es real y lo que es fantasía y experimentan con ello. A  través de ello conocen el mundo.
Realmente todos necesitamos la fantasía, también los adultos la necesitamos. Para proyectar, para hacer planes, para ponernos objetivos a alcanzar, para conocernos interiormente, explorar nuestros deseos y anhelos. Es una especie de campo de pruebas, donde realizamos nuestros experimentos sin miedo al resultado. Así, practicando la fantasía desde niños, podemos gestionarla correctamente y aprovechar su beneficio más evidente: la creatividad.

La creatividad es el nuevo recurso de la sociedad del futuro

No hay más que escuchar a los especialistas de diferentes campos de la pedagogía, la educación, incluso de la economía. No deja lugar a dudas Ken Robinson en sus charlas Ted como podéis comprobar en este video .

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Por tanto, debemos cultivar la imaginación de los niños para lograr así los adultos creativos que serán los ciudadanos de la futura sociedad. Alimentamos su fantasía a través de , por ejemplo, la literatura, porque el buen hábito de leer les ayuda a imaginar nuevas opciones que no conocen. Sólo así les estaremos dotando de su herramienta de supervivencia principal: su creatividad.

En cuanto a la socialización , también es una necesidad básica de cualquier persona

Esta empieza en el círculo más cercano cuando el niño es pequeño. La familia es su entorno de socialización y es el modelo que adquiere . El libro actúa de puente en este momento intimo de la lectura. El niño que disfruta de estos momentos de socialización, asocia esta afectividad con la lectura e identifica el libro con algo emocionalmente placentero. Además, sabemos que nuestro cerebro no aprende si no se emociona. Como padres y formadores debemos aprovechar esta chispa emocional para despertar y mantener este hábito lector, el buen hábito de leer.

Está claro que cada niño tendrá su propia evolución. Los hay ávidos lectores que rápidamente adquieren el hábito de manera autónoma. Otros, por el contrario, necesitarán más tiempo para empezar a leer en solitario. Por ello, podemos seguir leyéndoles e ir introduciendo estrategias de co-lectura (repartirse la lectura entre el niño y el adulto). Lo importante es no desistir hasta que encuentre su propio camino.

Es muy importante, podríamos decir que decisivo, respetar los intereses temáticos de cada niño

No podemos incluir la obligación en algo que se supone placentero. Si optamos por ello conseguiremos el efecto contrario al que buscamos. Desde luego que debemos supervisar las obras que leen para que sean aptas para lectores infantiles y juveniles, con literatura de calidad. Pero dentro de ello, es muy importante respetar sus gustos, que alimentarán su motivación.

No lo tenemos fácil en esta época para animar a la lectura

Tenemos en frente a toda clase de recursos y medios digitales que nos llevan mucha ventaja. Y además, puede que incluso nosotros nos dejemos embargar por la idea de que también se lee en una tablet navegando por internet.
Pensemos que nuestra generación es el ultimo punto de conexión entre lo analógico y lo digital, y por ello creo que tenemos la obligación de ayudar a sobrevivir a los libros. Y sólo sobrevivirán si seguimos creyendo en ellos y amándolos.

Los libros en sí, como objeto, suponen una experiencia estética

Producen una sensación más cálida, más íntima con la historia que contienen. Está claro que lo digital es nuestro medio actual, y debemos conocerlo y dominarlo. Pero creo que el libro tiene más que ver con lo humano que con lo funcional, con lo espiritual que con lo eficiente. Constituyen una pasarela con el pasado y con nuestros antepasados. Siguen cumpliendo a la perfección su papel de contener esas historias fantásticas que hacen volar nuestra imaginación y nos llevan a otros lugares, a otras vidas, abriendo nuestra visión del mundo a través de personajes diferentes a nosotros.
Como responsables de esta tarea debemos ser modelo y por qué no, hablarles de la experiencia placentera de la lectura y el libro. El olor de un libro, la emoción al comenzar uno nuevo, imaginando solo con el título que podrá suceder, el elogio al silencio (tan importante fomentarlo y formarlo), la inquietud por tener un poco de tiempo libre para poder continuar con la lectura… Es necesario que les enseñemos esto de forma explicita, pues lo tienen más complicado que lo tuvimos nosotros para adquirir su hábito de leer.

Es muy importante que transmitamos a nuestros hijos esta emocionalidad unida al libro y la lectura. Porque de ello dependerá su futuro. Y a mi modo de ver, el libro sigue aportando la emoción que necesita nuestro cerebro para desear leer. Es una buena herencia para dejar a nuestros hijos, la del buen hábito.

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