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Que las mujeres no corran al verte, hijo.

Querido hijo: otra vez 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Con tus siete años ya no me preguntas porqué las mujeres tienen un día y los hombres no. Sabes que tener un día “para nosotras” no es buen síntoma, porque quiere decir, que un año más, seguimos discriminadas, con peores sueldos por el mismo trabajo. Con el mismo miedo en el cuerpo.

Sabes que seguimos con miedo de ser mujeres porque a nosotras la violencia nos llega de modo distinto, en nuestro cuerpo, obligándonos a hacer lo que no queremos (de esta parte te has quedado con esta idea general porque como madre no sé ni cómo empezar a hablarte de abusos, violaciones, esclavas sexuales o pedofilia y no quiero que lo primero que aprendas del sexo sea con esta carga de negatividad. Pero sabes que nadie puede obligar a nadie a hacer, tocar o decir lo que no quiere, y eso ya es una base).

Sabes que hay países donde las niñas no pueden ir al colegio o donde su educación no es importante porque a ellas se las considera menos que a ti. Y te da mucha pena que pierdan tantas oportunidades.

¿Y cuál es la diferencia? ¿Que nosotros hacemos pipí de pie y vosotras sentadas? – me dices sorprendido con ingenuidad infantil. Y me digo que algo estamos haciendo bien dia a día para que seas tan listo.

Sabes que hay mujeres que deben taparse cualquier resquicio de piel. Como si la piel, la sonrisa o tener un cuerpo de mujer fuera algo malo.

Y protestas cuando por la calle ves un cartel absurdo con una mujer desnuda para anunciar algo que no tiene nada que ver.

Reivindicas que a ti también puede gustarte el rosa, tener el pelo largo o bailar. Y me acompañas a las manifestaciones del 8 de marzo porque el feminismo no es solo cosa de mujeres.

Sabes incluso que hubo un tiempo no muy lejano en que las mujeres no tenían derecho a votar ni opinar. En clase os hicieron una dinámica para escoger el tema que trabajaríais. Solo podíais decidir los niños. Las niñas se morían de rabia y protestaban mucho, era injusto. Pero luego, una vez decidido el tema, cambiaron las tornas. “Ahora solo valdrá lo que elijan ellas”. Y los chicos, que pensabais ser los importantes y poderosos sentisteis la injusticia en vuestras propias carnes. Buscasteis una solución entre todos y todas: solo había que ponerse de acuerdo y dejar participar a todo el mundo en igualdad, ¿verdad?

Te miro y pienso: ojalá todo este día a día de reflexiones compartidas y educación calen tan hondo que nunca haya una mujer que huya de ti, hijo. Ninguna mujer que te tema y cruce la calle. Ninguna mujer que en tu presencia calle. Ninguna que agache la cabeza o ceda a tus caprichos solo porque eres hombre.

Me pregunto si será suficiente. Si mi educación y la de tu padre podrá contra los estereotipos sociales. Contra las series y las películas. Contra otras educaciones menos conscientes o igualitarias. Me pregunto si será suficiente para paliar lo que ves y lo que vives. Porque por mucho blablá que tengamos, quien viene a recogerte al cole es mamá, porque ella “trabaja menos” (en realidad no es verdad pero no alcanzas a entender que mamá tiene un horario más flexible y compacto a cambio de ganar menos). Me pregunto si será suficiente contra los prejuicios de los demás. Si será suficiente, incluso, contra los prejuicios y los miedos y las actitudes de las propias niñas y chicas y mujeres de tu futuro. Si cuando vayas en grupo de chicos con toda su presión social, será suficiente para que las mujeres no salgan corriendo o aprieten el paso al veros.

Querido hijo. Yo soy mujer también. Solo espero que nunca, jamás, una mujer salga corriendo al verte.

PD: ¿Y vosotr@s, cómo educáis para la igualdad?

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