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Cómo trabajar los límites desde la primera infancia

trabajar los límites desde la primera infancia

Es muy importante que los límites estén presentes desde el nacimiento para ayudar a formar la personalidad de los niños, y que sepan desde bien pequeños que las frustraciones existen. Los límites deben ser muy claros desde pequeños. La educación tiene un papel clave a la hora de trabajar los límites desde la primera infancia. Hoy en día, se vive un exceso de permisividad y sobreprotección de los hijos. Hay que ir con cuidado porque todo lo que no se trabaja de pequeños, más adelante, trae consecuencias; y en algunos casos graves, como trastornos de la personalidad.

Los límites que no se han trabajado en la infancia, después vuelven a brotar en la adolescencia con fuerza; y es entonces cuando ya puede ser que no lleguemos a tiempo. En muchos casos, podemos hablar del síndrome del niño emperador; es decir; niños “tiranos” que luego se volverán adolescentes agresivos. Estos niños no han interiorizado los límites de forma clara, y les cuesta mucho aceptar normas; además se junta que son incapaces de asumir frustraciones. Se vuelven muy egoístas y poco empáticos (incapaces de ponerse en el lugar de los demás). En el fondo son niños que suelen ser muy dependientes. Por tanto, es importante empezar a trabajar los límites desde la primera infancia; aunque parezca que no es necesario. Puede suceder que el día en que queramos empezar a trabajar, ya sea demasiado tarde ..

Los niños, ya desde bebés empiezan a aprender los diferentes “REGISTROS”; es decir; qué hacer con cada persona (con los abuelos hago esto, con los padres hago aquello, con la maestra hago lo otro). Aprenden muy rápido y tienen una capacidad camaleónica para adaptarse a las nuevas situaciones; por lo tanto, tanto,hay que deducir que si son tan listos, pueden aprender rápidamente donde hay un límite y que aquel se debe respetar.
En casa o en espacios de socialización con más niños; cuando suceden rabietas o situaciones de falta de límites, rápidamente quedan amortiguadas con una buena actuación de la educadora. Los niños funcionan muy por imitación, y cuando ven que los compañeros no lo hacen y que no obtienen respuesta, no lo vuelven a hacer. Son extremadamente listos.

Algunos consejos que nos pueden servir…

  • Muy importante empezar a establecer las normas y límites los tres primeros años de vida.
  • Tiene que haber una buena predisposición por parte del adulto para que aquel límite sea cumplido y llevado a cabo.
  • Se debe estar convencido y creer firmemente en ese límite. Si hay dudas, todo se tambaleará.
  • Ser rutinario y no decaer a la primera de cambio. Hay que ser constante hasta que aquella norma o límite queda interiorizada.
  • Ya de pequeños marcar pautas de sueño, comida… nos ayudará mucho. Tal y como hemos dicho, hay que encontrar el equilibrio; y hay días que se pueden saltar las normas. El exceso de rigidez también genera niños angustiados que no están preparados para los imprevistos o los cambios de planes, y eso tampoco es bueno.
  • Hay que poner POCOS límites pero CLAROS y concisos. Límites, que difícilmente serán reversibles. Evidentemente debe existir una cierta elasticidad, pero vale la pena mantenerse firme en algunos objetivos a trabajar.
  • Importante trabajar la AUTONOMÍA desde pequeños. Que adquieran RESPONSABILIDADES y entiendan que las cosas requieren un esfuerzo. También que entiendan la diferencia entre un comportamiento adecuado (que debe ser porque sí), y un premio. No premiarlos por acciones que deben hacer por sí mismas; y no utilizar el chantaje para que hagan las cosas. Hay ciertas normas que se deben cumplir. Al igual que hay ciertos límites que no se pueden sobrepasar. Un LÍMITE es un STOP, un “hasta aquí”.

Una NORMA es un código; un lenguaje que inculcamos a los niños con el fin de entendernos. Las normas pueden ser sociales (aprender a convivir  con otras personas), personales, familiares… Cada casa tiene sus normas, y normalmente, si aprenden que hay unas normas en casa, luego son capaces de estar en diferentes lugares en sociedad (ir a un restaurante y no correr; ir a un museo y estar en silencio). Hoy día parece ser que todo vale; que el niño es el centro de atención y que decide en todo momento qué y cómo lo quiere hacer. Es evidente que la sociedad ha cambiado y que los modelos educativos también evolucionan (la inmigración también aporta nuevas corrientes educativas).

  • A grandes rasgos una norma se podría “saltar” de vez en cuando y un límite es más inflexible.
  • Muchos padres tienen miedo a decir NO a sus hijos; piensan que los amarán menos o que les pasarán factura.
  • Muy importante no dar lo que quieren y piden de manera inmediata. De esta manera aprenderán a tolerar las FRUSTRACIONES y controlar sus impulsos. Es necesario que aprendan a ESPERAR, a ser pacientes. Tienen que aprender que no pueden tener todo lo que quieren. Hay que darles tiempo. Si ven un juguete o una libreta que les gusta, no comprarla inmediatamente. Esperar al cumpleaños, para Reyes, pero hacerle ver que es un hecho extra. En cuanto a las RABIETAS, es normal y lícito que las hagan. A la edad de 2/3 años, incluso algunos niños empiezan antes; ellos prueban y buscan nuevas maneras de comunicarse y de reafirmar su personalidad. Hay niños más dóciles y niños con más genio y carácter. Hay que ser flexible en algunas cosas, pero más inflexible en otras. Muy importante encontrar un EQUILIBRIO, porque la rigidez extrema tampoco es buena.
  • Cuando hagan una pataleta o rabieta, hay que darles tiempo (cada niño tiene el suyo) para hacerla, para madurarla y ver qué herramientas y estrategias utilizan para salir de ella. Si la acción del adulto siempre es la misma (no hacerle demasiado caso, no tener miedo, y saber que se le pasará, no temer la respuesta de las otras personas, quizá estamos en un restaurante y todo el mundo nos está mirando, pero si nuestro hijo ha hecho algo que creemos que no se debe hacer, adelante con nuestra actuación, en unas cuantas veces que suceda la misma situación entenderá que no obtiene respuesta, y dejará de hacerlo. Los niños prueban constantemente; prueban la respuesta del adulto. Y en ciertos casos necesitan respuestas CONTUNDENTES que les enseñen claramente lo que está bien y lo que está mal.

Darnos un tiempo. A veces entran en un “bucle” del que no saben salir. Se ponen nerviosos, lloran, sudan, se quitan la ropa. No saben cómo actuar. Si pasado un tiempo no han encontrado la manera de salir, somos los adultos los que tenemos que actuar (coger la sartén por el mango) y darles la ayuda para acabar con aquella situación (lavarles la cara, refrescarlos, cambiarlos de espacio; con calma; darles la mano y llevarlo a otro ambiente; acercarnos con un tono de voz suave pero firme, decirles que ya se ha acabado, que hasta aquí, que estamos con ellos y que entendemos que se haya podido poner nervioso. Podemos optar por hacer diferentes acciones y darles diferentes respuestas (no hay una mejor que otra) pero lo que SÍ es importante, es estar siempre CONVENCIDOS. ¡Esta es la clave!
¡Adelante y ánimos!

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