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La crianza con desapego

crianza con desapego

Muchos blogs se abren “para desahogarnos“. Desde el embarazo y sus hormonas hasta el parto, junto a los primeros años de crianza con sus altibajos, son momentos muy duros, muchas mujeres pasan por depresiones, muchas les dan giros a sus vidas, se producen grandes cambios y es la parte emocional quizá la que más se puede trastocar.

Los apoyos en esos momentos son clave. La tribu, quizá quien no la tiene física la encuentra virtualmente, y muchas de esas relaciones 2.0 luego traspasan la pantalla y son grandes ayudas.

Desde Bloggers & Family también queremos que se compartan momentos, miedos, pensamientos, y todas esas cosas que a veces hace falta sacar. Esas mochilas que más o menos grandes muchas llevamos encima.

No es la primera vez que hablamos sobre el maltrato y damos voz a posts anónimos, en este caso os contamos una historia triste, de como no siempre una madre es la mejor para su hija y cómo es posible la crianza con desapego.


Creo que mi infancia me hizo tanto daño que por eso supe que si algún día tenía una hija jamás pasaría por lo que he pasado yo. El miedo, el odio, el querer huir, el no entender.

La violencia física duele, pero la psicológica te acompaña toda la vida.

Las malas madres existen, son las que llaman puta a una niña, las malas madres son las que la insultan y humillan por su físico, las que le dicen que no tenía que haber nacido, que fue fruto de una borrachera. Las malas madres son las que no permiten que un hombre les pegue a ellas, pero no les importa que maltrate a su hija.

Muchas veces pienso lo diferente que hubiera sido todo de haber tenido ayuda, de que alguien viendo cómo me pegaban o me insultaban en la calle me hubiera ofrecido ayuda, de que algún adulto me hubiera dicho que eso no era así, que yo no tenía la culpa, que algún vecino, alertado por los gritos o los golpes hubiera llamado a la policía, que me hubiera dicho que lo que me hacían no estaba bien.

Pero eso nunca ocurrió.

El maltrato nunca es solo una vez ni es pequeño o grande, no hay un límite que se pueda trazar y decir que en situaciones especiales o que hasta aquí está bien pegar, está bien gritar, está bien humillar.

Esas cosas marcan, la crianza con desapego marca, de muchas maneras, desde crecer normalizando la violenci -quizá la mas terrorífica porque haces que no se rompa el ciclo- a problemas de autoestima, miedos o inseguridades. Yo crecí sin apego ninguno.

En esa situación tu autoestima es tan frágil que saltas de una relación tóxica a otra, que huyes, que tonteas con las drogas y las malas compañías. Tomas malas decisiones y te pierdes hasta que un día, tu mente empieza a olvidar.

No recuerdo un solo día feliz en familia, pero esa es mi mochila.

Luego tienes una hija, y el miedo te empapa, corre por tus venas, recuerdas las amenazas “ojalá algún días tengas una hija tan mala como tú” me decían. No, mi hija no estará rota, mi hija estará a mi lado, y se sentirá querida, protegida y escuchada.

Jamás pondré la mano encima a mi hija ni consentiré que nadie lo haga. La escucharé y sus problemas serán importantes, sus preguntas respondidas, su necesidades cubiertas.

Entonces conoces la crianza apego y sabes que has roto el ciclo.

Pero hay más, porque esa persona que tanto daño te ha hecho, puede ser parte de la vida de tu hija, y le das una oportunidad, y te vuelve a hacer daño en el momento más vulnerable de tu vida, y no conoce a tu hija hasta que tiene varios meses, pero le sigues dando una oportunidad, y aunque parece que sí, que puede estar ahí para ella, no es así, y esta vez no te decepciona solo a ti, la decepciona a ella.

Todo el daño que te han hecho a ti no es nada frente al miedo a que se lo hagan a tu hija.

Y duele no entender cómo alguien que ha parido no ha querido a su hija, como no quiere a su nieta.

Hay veces que las relaciones no se pueden salvar, pero puedes alejarlas y no dejar que personas tóxicas formen parte de tu vida.

Yo estoy rota, pero haré todo lo que esté en mi mano para que ella crezca fuerte y feliz.

 

 

 

 

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1 Comentario

  • Responder
    Julia
    24 abril, 2018 at 9:22 am

    Que testimonio más desgarrador… Por lo menos iremos cambiando a las generaciones siguientes que no tengan que pasar lo que hemos pasado nosotras.

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