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Ni mamitis ni papitis

ni mamitis ni papitis

Me hace gracia que usamos la terminación “itis” para tachar de patológico algo. Que alguien inventa mucho, tiene “cuentitis”, que alguien tiene mucho sueño siempre, tiene “vaguitis”, que alguien tiene madre y padre, tiene… espera, no. Que un bebé quiere estar siempre cerca de su madre o su padre, entonces sí, tiene mamitis y/o papitis.

Es algo que me da pena. Parece que si un bebé protesta, llora o patalea porque quiere que su madre o su padre le cojan mientras está solo o con gente extraña, es que no está bien y es algo que debería “curarse”. Curarse, resulta que el apego seguro debería curarse, cuando esto no es ni mamitis ni papitis.

Intento siempre justificar a las personas que utilizan estos términos: normalmente son personas que han criado a sus hijos en otra época, en la que poco se sabía del apego y los vínculos. Normalmente son mujeres, mujeres que han tenido que educar ellas solas no a uno ni a dos, sino en muchos casos a tres o más hijos, con las dificultades de atención individualizada que eso conlleva. Intento pensar en esto para no enfadarme, y realmente la emoción que siento entonces es compasión. Imagino que ha debido ser duro no poder atender a sus hijos como su instinto de madre (o de padre) les decía. Esa voz interior, visceral, que te lleva a querer cogerle si está mal, a querer darle tu compañía, tu contacto… a protegerle y a ayudarle a tolerar el miedo.

Es esa voz, la que ayuda a formar un vínculo seguro. Vínculo que los bebés conocen bien y con el que se manejan en el mundo. Vínculo que les hace extrañar, estar temerosos y muchas veces ponerse a llorar cuando una persona que no les es tan familiar les coge en brazos (no digamos cuando estas personas, llamadas por la ternura que inspiran naturalmente los bebés, intentan achucharles). Lloran porque no están con su figura de apego seguro, que suelen ser la madre y el padre. Y se calman cuando esa figura les vuelve a coger, porque así se sienten a salvo. Son bebés, o niños muy pequeños. No saben que aunque otra persona les coja sus padres no desaparecen. No saben si esa persona extraña les ha cogido porque quizás sus padres les van a abandonar. Y como no lo saben, sufren como si así fuera. ¿De verdad es tan insano que quieran estar con sus padres? Si sabemos esto y nos ponemos en su piel, probablemente nos lo pensaríamos dos veces antes de categorizarlo como una patología. No es ni mamitis ni papitis.

Si un día tu marido o mujer se va por la puerta y en lugar de despedirse hasta que vuelva de trabajar, lo que te da a entender es que puede que no regrese y en su lugar te trae a la vecina o vecino para que haga de pareja en su ausencia, probablemente nuestra reacción como poco, sea la de llorar. Y si vuelve y le vemos, probablemente (si tenemos una buena relación, un buen apego) lo que queramos será no despegarnos de él o ella, no vaya a ser que tengamos que aguantar otra vez al vecino pesado.

Esto es lo que entienden los bebés. Cada vez que una persona con la que no tienen un vinculo les coge, el mensaje que reciben es de incertidumbre respecto a la relación con sus padres, y es normal, que hasta que aprendan como funciona el mundo social, lo cual lleva bastante tiempo, no estén tranquilos si no es con sus figuras de apego.

Es por este motivo que me da pena, y también rabia, que se use el término mamitis o papitis. Porque usarlo conlleva que se está viendo como enfermizo y negativo, un síntoma que revela mucha salud mental y emocional: el apego seguro.

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