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Educación emocional en el hogar

Educación emocional en el hogar

Las emociones forman parte de nuestro día a día, nos acompañan en todo momento y ante las situaciones a las que nos enfrentamos. Pero claro está, esas emociones pueden ser más o menos agradables según el momento y situación vivida.

Y ojo, ante una misma situación cada persona puede vivirla de manera diferente y por lo tanto las emociones sentidas son distintas.

Por ejemplo, en el hogar ante una situación de conflicto entre padres e hijos, los menores pueden vivir con frustración lo que les indican, sin embargo los progenitores podemos sentirnos tristes por cómo nos han contestado.

Identificar las emociones, conocerlas y reconocerlas en nosotros mismos, así como gestionarlas según las situaciones a las que nos enfrentamos, es un aspecto clave a trabajar desde los hogares.

Pero una cosa debe quedar clara, y es que en el trabajo de la educación y expresión emocional, todos los miembros de la familia deben estar implicados y participar.

¿Por qué digo esto?

Porque si como padres y madres pretendemos que nuestros hijos nos indiquen cómo se sienten ante una situación y les orientamos en cómo pueden gestionar esas emociones, nosotros como adultos debemos expresar cómo nos sentimos en determinados momentos, qué reacciones fisiológicas vivimos, y manifestar cómo gestionamos y controlamos las emociones sentidas.

En relación a la educación emocional en el hogar, una cosa está clara: los padres y madres somos modelos de los hijos e hijas, por ello cómo actuemos ante determinados momentos y controlemos los niveles de las emociones, influirá en cómo ellos actuarán ante las situaciones a las que se enfrenten.

Y como madres y padres, ¿cómo podemos trabajar la educación emocional en el hogar?

  • Comentar y expresar desde que son pequeños las emociones. Poner nombre a aquello que pueden estar sintiendo.

“Estás enfadado porque te he quitado los dibujos”; “Estás alegre porque vienen los primos a comer”; “Estás triste porque tu amigo se marcha del colegio”, etc.

Es importante comenzar poniendo nombre a las emociones más cercanas y fáciles de reconocer. Las denominadas emociones básicas, como son alegría, tristeza, miedo, ira y asco.

A medida que vayan creciendo debemos ir introduciendo nuevas emociones, que en ocasiones parten de la rama de las básicas, pero se manifiestan con diferente intensidad.

  • Conocer las reacciones del cuerpo. Cómo reacciona nuestro cuerpo ante las emociones es fundamental, para que así, cuando esa reacción fisiológica aparezca, podamos comenzar a gestionar y no lleguemos a explosiones emocionales.

Por ejemplo, tienes calor, aprietas los puños y sientes tensión porque te estás enfadando. Lloras y tienes la sensación del nudo en la garganta porque estás triste y quieres expresar esa tristeza. Te sudan las manos y tienes dolor en el estómago porque estás nervioso para el examen.

Aclarar estos aspectos es importante en dos sentidos: por un lado porque ponemos nombre a la emoción y por otro porque asociamos algunas de las reacciones fisiológicas a ellas. De esta manera, ellos podrán identificar y expresar mejor lo sentido.

  • Orientar en la gestión de las emociones. Los hijos e hijas no nacen sabiendo cómo controlarse ante un enfado (al igual que nos sucede a los adultos), requieren de pautas y orientaciones sobre cómo actuar en determinados momentos. Esto es básico en la educación emocional en el hogar.

Pero ojo, si en esa situación el adulto también está implicado, los dos debemos gestionar el momento y ser el guía o modelo para actuar.

Por ejemplo, si surge un momento de discusión porque nuestro pequeño o pequeña ha tirado una maceta, porque se ha enfadado, como adulto no debemos comenzar a gritar (perdemos las formas y no es bueno) es mejor parar la situación y buscar durante un momento tiempo de calma. Si tratamos de solucionarlo en momento de gritos y rabia no podremos y no es lo adecuado porque no se controla la situación.

Así que, una vez que todos estamos relajados y calmados, es momento de sentarse a valorar qué es lo sucedido, cómo actuar ante ello y qué consecuencias tiene.

  • Dar valor a todas las emociones. No se pueden ignorar ni evitar las emociones desagradables, forman parte de nosotros y tenemos que conocerlas y hacerles frente. Porque en la vida no todo es alegría, placer, felicidad, etc.

Así que, ese momento en que muchos padres no quieren que sus hijos se enfaden, se pongan tristes, tengan miedo o se disgusten, evitando la situación o conflicto, deciros que es un gran error que hay que solucionar al trabajar la educación emocional en el hogar .

Los niños tienen que vivir esas experiencias, tienen que identificar la emoción y reconocer por qué la sienten. Una vez hecho esto, podremos trabajar sobre ella para poder gestionarla y controlarla, de manera que no sea excesiva y disruptiva. Igualmente, adquirirán esas estrategias para que en futuros momentos puedan aplicarlas cuando se encuentren en situaciones o vivencias que les generen esas emociones.

Papás y mamás, las emociones forman parte de nosotros, expresarlas, ponerles nombre y gestionarlas es fundamental. Hacer este trabajo compartido con nuestros hijos e hijas será el punto de partida para que ellos nos digan cómo se sienten, por qué y cómo pueden afrontar las situaciones que viven.

Porque la comunicación y expresión en el hogar debe ser uno de los pilares básicos para favorecer las relaciones.

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