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La maternidad y la culpa

la maternidad y la culpa

 

La maternidad es un torrente de emociones.

Amor. Alegría. Generosidad. Orgullo. Empatía. Apego. Felicidad. Cariño.

Pero también, cansancio. Estrés. Preocupación. Agobio. Derrota. Y culpa, la maldita culpa.

La culpa es un sentimiento que gira alrededor de la maternidad. Y sí, digo maternidad, porque parece ser que es un sentimiento que se centra, en gran medida, en las mujeres. Es una de nuestras “mochilas” más pesadas.

Todo empieza ya cuando buscamos el embarazo. Sentimos culpa si no nos quedamos embarazadas, culpa por no ser fértiles y no poder tener un bebé. Si el embarazo no va bien, si algo le pasa a nuestro bebé, sentimos culpa por ser la que lo lleva dentro. A mí me pasó, mi bebé era “demasiado pequeño” y yo me sentía culpable por no haberme cuidado bastante. Si el parto no sale bien, como somos nosotras las que parimos, sentimos culpa por no haber podido dilatar, por no haber podido empujar, o por no haber podido tener un parto vaginal. En mi caso, sentí durante mucho tiempo culpabilidad por no haber podido llegar a las 40 semanas y haberlo tenido a la semana 37.

Y la lista no acaba con el embarazo y el post parto. Ojalá, pero la maternidad y la culpa no han hecho más que empezar.

Durante la crianza la culpa vuelve a sacar baza en la partida, y aún con más fuerza.

¿Lo hago bien?

¿Soy buena madre?

¿Es lo mejor para ellos?

A veces sentimos que no hacemos bien de madre, que no somos suficientemente buenas para nuestros hijos, porque queremos hacerlo lo mejor para ellos y queremos ser perfectas. Pero no sabemos cómo conseguirlo. Nos equivocamos, nos agobiamos con la alta demanda, y no pensamos que es normal no ser perfectas, nos pensamos que el problema somos nosotras.

Repite conmigo: “No soy perfecta, quiero a mis hijos e intento hacerlo cada día lo mejor posible, pero a veces me equivoco y no pasa nada”.

El problema no eres tú, madre que te esfuerzas, el problema es la sociedad actual, donde compaginamos crianza con trabajo, donde los abuelos aún son jóvenes y trabajan, donde el individualismo es palpable. Y este sentimiento de culpa nos produce una angustia y un sufrimiento considerable, que no nos deja disfrutar de la maternidad.

Y te preguntas, ¿Cómo es que este sentimiento de culpa marca tanto a las madres y no tanto a los padres? Confieso que en este aspecto les envidio. La respuesta es clara, las mujeres estamos educadas para cuidar y complacer, es nuestro principal cometido, y si fallamos en esto los dedos apuntan hacia nosotras, o si nadie apunta ya nos tachamos nosotras mismas.

Yo, si ahora pudiera tirar atrás, cambiaría muchas cosas de mi maternidad, muchas cosas con las que creo que me he equivocado. Pero hay que vivir con los errores y aprender de ellos, esforzarnos en crecer al lado de nuestros hijos, aprender de ellos, y dejar de fustigarnos por todo.

Los principales motivos de la culpabilidad.

El tiempo. Si trabajas te sientes culpable porque no estás suficiente tiempo con tus hijos. Si no trabajas te sientes culpable porque, aunque estés en casa estás a otras tareas de la casa y no les dedicas suficiente tiempo. Sea como sea, la sensación de que no llegas a todo, que eres mala madre (y encima mala esposa o mala ama de casa) nos invade. Pero el tiempo de calidad es un invento para justificar la no conciliación de nuestra sociedad.

El tipo de crianza que elijes. Te asaltan las dudas de si lo estás haciendo bien, si lo estás “malcriando”, o si eres demasiado estricta. Si gritas demasiado, si le dices demasiadas veces “no”, o si eres demasiado “blanda”. Y si además se añaden críticas y opiniones ajenas la culpa se intensifica.

¿La solución?

Dos palabras: empoderarte y hacer tribu.

la maternidad y la culpa

Prioriza. Hay que jugar con nuestros los hijos, pero no hay que entretener permanentemente a los hijos, y es imposible llegar a todo con el ritmo de vida que llevamos.

Guíate por tus instintos. Ten autoconfianza contigo misma, con tu modelo de crianza. Infórmate, lee mucho y decide por ti misma (junto tu pareja, si la tienes). Y haz caso omiso a los juicios de los demás.

Y haz tribu. La maternidad es preciosa, pero complicada, y pasarla sola la hace aún más dura. Acompáñate de otras madres, comparte, habla, escucha, apoyaos unas a las otras y empoderaos mutuamente.

Y disfruta, mucho, ¡que el tiempo vuela!

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