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¿Por qué mis hijos me sacan de quicio?

Cada vez es más frecuente escuchar a los padres decir que no entienden por qué sus hijos los sacan de quicio pero lo cierto es que se ven saturados, contrariados, con falta de información o exceso de información y con ganas de que sus hogares tengan un poco de paz y tranquilidad. 

¿Por qué mis hijos me sacan de quicio?

Lo escucho cada día a través de mis asesorías familiares o en los talleres de padres que llevo a cabo de manera presencial u online. Son muchos los padres que no entienden a sus hijos, no comprenden qué les pasa por la cabeza cuando se comportan de una determinada manera, no saben nada sobre el desarrollo de los niños y nadie les dijo que, realmente, esto de criar y educar a nuestros hijos no es tan sencillo como nos parecía antes de ser padres. 

Sí, es algo que a todos nos ha pasado en algún momento, nos hemos sentido culpables, ignorantes o, por qué no decirlo, hemos sentido que éramos mejor padres cuando aún no teníamos hijos. 

Nadie nos prepara para ser padres. Parece que una vez que terminamos la preparación al parto ya estamos preparados para recibir a nuestros hijos y así criarlos de una forma sencilla y feliz. 

Cada vez hay más talleres y cursos para padres porque el hecho de vivir en una sociedad más separada de sus familiares ha provocado que no tengamos tribu y hayamos perdido “conocimientos” sobre cómo podemos educar con valores, sin gritos y de una forma amable para ir cambiando el mundo. 

¿Realmente se portan tan mal los niños?

Deberíamos de analizar detenidamente si es verdad esto de que los niños de ahora se comportan peor que los de antes, tal y como muchos afirman. 

En muchas ocasiones los padres intentamos que nuestros hijos se comporten de una forma que no es la natural en los niños. 

Por ejemplo: es habitual ver en comidas a familias con niños pequeños. Y no son comidas rápidas en las que los niños tengan espacios y momentos para jugar, moverse, reír y disfrutar de la comida. 

Lo habitual es que sean comidas largas, tediosas y en las que los niños “deben” permanecer en sus sillas durante un tiempo que no es normal. Y, evidentemente, cuando los niños comienzan a desesperarse y a “portarse” mal, pero, realmente ¿no nos comportaríamos nosotros así si pretendieran que nosotros estuviéramos sin movernos durante tanto tiempo?

Otro ejemplo: vemos a un niño pequeño, muy pequeño, en una biblioteca que está hablando y los padres se empeñan en “hacerle” callar. Realmente no se está portando mal, lo que está manifestando claramente es que la norma del silencio impuesta en las bibliotecas no ha sido aún asimilada en él. Y eso no significa que no debamos acudir a las bibliotecas con los niños, nada más lejos de lo que yo quiero transmitir. 

Debemos ir con ellos siendo conscientes de que los niños pequeños aún no han asimilado todas las normas sociales y que necesitamos paciencia y tiempo para que la interioricen, nada más. Pero no se están portando mal, de verdad. 

Último ejemplo para ilustrar si los niños se comportan mal o si deberíamos dar una vuelta a nuestra forma de entender el comportamiento de los niños. 

Es normal ver en la escuela o el colegio a niños sentados haciendo fichas durante mucho tiempo. Hay niños que lo llevan decentemente bien y “toleran” ese número de horas sin movimiento. Pero hay otros niños, los que se “portan mal” que no lo aguantan y se “rebelan” moviéndose, corriendo por las clases, hablando o manteniendo conductas que se consideran poco adecuadas. 

Si comprendemos la necesidad de movimiento de los niños -y de los adultos- entenderemos que “el tiempo que somos capaces de permanecer atentos es el mismo que aguanta nuestro culo en una silla”. 

La necesidad de pulsión que tienen los niños es mucho mayor que la de los adultos, así que debemos comprender que en movimiento los niños aprenden mejor y se comportan mejor. 

¿Y qué podemos hacer cuando nuestros hijos se comportan así?

Pues debemos tener presente que los niños tienen sus propios ritmos de aprendizaje de las normas sociales y, para ello, necesitan de nuestro ejemplo y modelaje en el día a día. 

Si comprendemos cómo funcionan sus cuerpos y su cerebro seremos capaces de ver si lo que les estamos pidiendo en un determinado momento es adecuado o estamos pidiendo algo que está fuera de su alcance.

Con paciencia, cariño, dedicación y tiempo ellos irán aprendiendo normas sociales, irán aprendiendo qué se espera de ellos en determinados momentos, pero nunca deberíamos tratarlos sin dignidad y respeto. En otras palabras, deberíamos de tratar a los niños de la misma forma en la que trataríamos a cualquier adulto, independientemente de que sea nuestro jefe, nuestra pareja o nuestra propia madre.

Espero que os haya gustado este artículo y, si tenéis cualquier duda o sugerencia, puedo atenderos con vuestro caso particular en una asesoría familiar. 

Un abrazo y gracias por estar ahí, 

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