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Lo sensible

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¿Qué tal el puente de diciembre? ¿Y el anterior? ¿Y qué planes hay para navidad?

Con tantas fechas “importantes” quizás nos olvidemos fácilmente de lo “urgente”: recuperar la relación con lo sensible. Enlazando con la lectura que recomendaba en el post anterior (“Padres conscientes, educar para crecer” de la Dra. Shefali Tsabary) me apetece puntualizar algo a lo que creo que le damos menos importancia de la que merece: la relación de los niños con la tecnología.

Mi opinión es clara y rotunda: Esta relación debe ser inexistente o cuanto menos medida a cuenta gotas. Hay muchos estudios que demuestran los efectos nocivos de la tecnología sobre el cerebro y las emociones de nuestros hijos e hijas. No hace falta irse muy lejos para encontrarlos, copan los periódicos y se encuentran fácilmente en internet.

Al hilo de este tema y conectando con el título del post, creo que las tecnologías (no sólo a los menores sino también a los adultos) nos alejan del valor de lo sensible. ¿Cuántas veces habéis mantenido una conversación importante vía WhatsApp? ¿A cuántos malos entendidos os ha llevado?

No hay nada como mantener una conversación cara a cara, por difícil que sea la misma. Mucho mejor si lo que queremos es transmitir un mensaje positivo.

Conectar con lo humano y lo natural es la base de una crianza consciente y no es tan difícil, aunque las excusas para dejar a nuestros hijos e hijas frente a una pantalla son miles (y golosas): estamos cansados, montan rabietas, necesitamos unos minutos para recoger la casa, o terminar un trabajo ¡lo que sea! El caso es que por una cosa o por otra acaban pasando más horas de las recomendables frente a las pantallas.

El otro día tuve una conversación con mi hijo mayor al respecto: se había olvidado de apuntar las tareas del cole y me pidió que le mandara un WhatsApp a la madre de su mejor amigo para poder hacer sus deberes. Lo pensé unos segundos, porque entre nosotras hay confianza y hubiera sido una solución fácil y rápida… Y ahí encontré el problema, en lo fácil y rápido.

Le ofrecí el teléfono para llamar y preguntar. Nada mejor (y no tan difícil) que aprender a pedir ayuda de viva voz: “te dejo el teléfono y le llamas si quieres”.

“Es que me da un poco de vergüenza” me contestó. Entonces barajamos juntos dos opciones: superar la vergüenza y llamar a su amigo con resultados altamente positivos (aprender a pedir ayuda y saberse sostenido por un amigo) o esperar sin hacer las tareas y completarlas al llegar a clase al día siguiente.

Optó por la segunda opción. Y no pasó nada. Absolutamente nada. Preguntó en el patio o a la profesora qué era lo que había que hacer, asumiendo que se había despistado el día anterior y lo solucionó en el momento.

¿Qué hubiéramos sacado en positivo de mandar un WhatsApp? Las tareas terminadas, por supuesto, pero me parece (bajo mi criterio) mucho más importante lo que aprendió: a cuidar los vínculos humanos y a hacerse cargo de sus cosas… Y que superar una pequeña vergüenza no es para tanto.

Probadlo. No es grave, ni difícil sólo hay que poner un poco de atención a los aprendizajes que elegimos extraer de cada experiencia.

Recuperar la relación honesta y cercana con nuestro entorno, que las pantallas nos restan a marchas forzadas, es clave para introducirnos en la crianza consciente y para que lleguen a ser adolescentes y después adultos conscientes y comprometidos.

Así que ahí va un consejillo final: aprovechad estas fechas “importantes” para recuperar lo “urgente”. Una fórmula puede ser calcular el dinero que os vais a gastar en tecnología estas navidades y cambiarlo por experiencias. Un día esquiando, o montando a caballo, o en el cine vale lo mismo o incluso menos que una tablet con merchandising y aplicaciones de capítulos infantiles y videojuegos, por muy educativos que estos parezcan.
¿Qué aprendizaje quiero extraer de cada experiencia o inversión?

Y, por favor, dejad los grupos de Whatsapp del cole para notificaciones oficiales y no para preguntas o inquietudes, que es mejor resolver preguntando a otros padres y madres o al equipo docente.

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO (Y CONSCIENTE) AÑO 2019

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