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¿Recuerdas tu adolescencia?

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Cada vez que mi hija hace algo «nuevo» en su proceso de adolescente primeriza, me sorprendo diciéndole que es «demasiado pequeña para (lo que sea)». Pero últimamente contraataca preguntando qué hacía yo a su edad, la pregunta exacta es «¿Qué hacías en tu adolescencia?»

Vaya por delante que mi adolescencia empezó entre los 13-14 y la suya a los 11-12, así que tengo que darle la razón a todos los que me advirtieron de que hoy en día todo se había adelantado un par de años. En el fondo, me sabe mal ver que crecen mucho antes, porque, sinceramente, los años de niñez son muy poquitos y si se acortan, pues ya me contarás.

Pero a lo que iba, hoy te pregunto yo a ti: ¿recuerdas tu adolescencia? Yo sí, no toda, pero sí una grandísima parte (hay que tener en cuenta que se considera adolescencia entre los 11-12 y los 18-19 años). Y, claro, de vez en cuando me llevo una bofetada de realidad y debo callarme porque muchos comportamientos son los mismos que yo tuve (y, seguramente, la gran mayoría de todas vosotras).

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Aislarse en la habitación

Mi adolescente: Suele pasar bastantes horas a la semana en su cuarto (pero no ordenándolo, que es lo que pido a diario que haga). Cuando no es porque sus hermanas están viendo algo que no le gusta, es porque alguien la ha llamado por teléfono o porque tiene la imperiosa necesidad de ponerse a hacer Musica.ly, perdón ahora es Tik Tok.

Mi yo adolescente: Me pasaba tantas horas encerrada en mi habitación que mis padres decidieron desterrarme a la habitación más pequeña de la casa, la única sin luz natural para ver si así salía de mi agujero. Me pasé toda la adolescencia odiando a aquellas niñas que tenían teléfono en su habitación (principalmente salían en las pelis, para qué engañarnos).

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Querer pasar más tiempo con los amigos que con tus padres

Mi adolescente: Tiene ganas de pasar tiempo con sus amigas, pero siempre que puede las trae a casa. Sí le gusta salir un rato si se va a ver con más gente, pero si solo son una o dos amigas, prefiere estar en su habitación viendo pelis, haciéndose fotos, maquillándose o, simplemente, tiradas encima de la cama.

Sale alguna tarde para ir a casa de alguna amiga, para ir a merendar o, su última afición, ir a mirar tiendas de ropa.

Pero también reconozco que está tiempo en casa, bastante. Y no solo encerrada en su habitación. Últimamente se ha aficionado a que el fin de semana por la tarde ve películas con su padre. Está descubriendo las que le gustan a él o viendo sagas que (no tengo muy claro por qué) aún no había visto o no quiso ver siendo más pequeña. Y no protesta. Y si hacemos algo todos juntos suele venir sin mucho problema (a excepción de que tenga el día cruzado y entonces protesta por todo).

Mi yo adolescente: Cuándo me hago la pregunta de si con 12 años y estando en 1º de ESO es pequeña, intento mirar atrás y verme con su edad (bueno, yo con 13 ya que es lo que tiene ser de principios de año) en 7º de EGB. Y sí, yo iba sola. Al colegio, a inglés, a casa de alguna amiga.

La diferencia es que la versión antisocial de mi padre la heredé yo también y no tenía muchas amigas y tampoco se estilaba tanto ir a sus casas. Pero si había quedado alguna tarde con mis amigos o vecinos, bajábamos solos  a jugar al pequeño patio que tenemos delante de casa. O, a esas edades, a hablar y cotillear, ya que algunos habían empezado con los primeros tonteos.

En cuanto a querer hacer cosas con mis padres… Simplemente lo detestaba. Como he dicho antes, mi padre es del tipo antisocial, pero a un nivel ya profesional. Parece la persona más simpática del mundo cuando la conoces, pero más allá de cuatro conversaciones triviales, nunca ha querido confraternizar con nadie. Así que su lista de amigos se reducía a una pareja sin hijos (a los cuales yo odiaba con todas mis fuerzas) con los que salíamos a comer, a la playa o a su casa. Si me hubiesen dejado, no hubiera salido de casa en todo ese tiempo. Pero no, tenía que ir. Así que imaginaos qué pasó a la que me dieron un poco de libertad rondando los 15…

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Pedir consejo o, simplemente, hablar sobre lo que te pasa

Mi adolescente: No sé si soy su primera opción, pero sí una de ellas. Cuando tiene algún problema acude a mí. Me cuenta sus inquietudes, sus problemas o aquello que la ha hecho reír. La última gamberrada en clase (aunque yo ponga cara de, a mí no me hace gracia) o me enseña su última canción favorita o intenta hacer spoilers de la serie a la que esté enganchada en ese momento.

Hay veces que no quiere hablar y lo dice «ahora no quiero hablar de ello u hoy no quiero explicarlo». Lo respeto (vale, insisto un par de veces). Al igual que yo le digo que hay cosas que no puedo explicarle todavía por su edad y ella lo respeta. En este apartado me considero una madre muy afortunada, muchísimo. Para mí es uno de los mejores regalos que me ha podido dar hasta la fecha.

Mi yo adolescente: No explicaba nada de nada. Las conversaciones con mis padres no giraban nunca en torno a mí, a excepción de aquellas que incluían broncas, advertencias y/o castigos. No sabían nada de mi vida, de mis amigos, dónde iba o dejaba de ir, con quién me juntaba y con quién no. No soportaban que llevara gente a casa y mucho menos me permitieron ir a dormir fuera de mi casa o que viniera nadie a dormir a la nuestra. ¿Mejoró la relación con la edad? Sinceramente, no. Es más, a día de hoy intento hablar lo mínimo con ellos porque a cualquier cosa que les explique le encuentran un pero, así es que mejor hablar del tiempo.

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Los cambios de humor

Mi adolescente: Parece una montaña rusa. Pasa de bien a mal en un nano segundo. Puede estar llorando y, de pronto, ponerse a reír. Le afecta muchísimo todo tanto para bien como para mal. Se enfada muy rápidamente, pero no suelen durarle mucho tiempo. Suele apartarse cuando no está para bromas y no quiere que nadie la moleste. Y si sus hermanas van detrás de ella, los gritos se deben oír en Marte. Me he hartado de leer artículos en los que dicen que es normal, que las hormonas los hacen vivir en una espiral emocional continua y que se va pasando con el tiempo. Yo también creo que es normal y más aún al ver con qué intensidad vive.

Mi yo adolescente: Creo que la mejor forma de describir mi yo de aquella época es «permanentemente enfadada». Me pasaba el día de morros (en casa) y riendo (fuera de ella). Mi madre dijo más de una vez que parecía que solo estaba bien fuera de casa y, en el fondo, tenía razón. Al no tener ni la más mínima confianza con ellos, estar en casa se podía hacer agobiante. Porque de mayor sí encontramos temas de conversación, pero con 12 años yo solo quería escuchar música y leer (a ser posible en mi habitación). Además, cualquier cosa que dijera sería analizada y juzgada, entonces ¿para qué hablar?

Mis conclusiones

Creo que la adolescencia de mi hija supera positivamente a la mía con creces. Aunque a veces me de la sensación de que sufre mucho (por esa intensidad que tiene), luego la veo reírse con cualquier cosa y pienso que a ella le ha tocado aprender ciertas lecciones antes de lo que me tocó a mí. Yo le digo que, aunque duela, pasar por ciertas cosas a los 12 es mucho más llevadero que a los 18. Y, como es lógico, no me cree, pero espero que con el tiempo se de cuenta.

Sí, es más intensa que la mayoría de sus amigas, sí es cierto que tiene mal carácter, que le cuesta poco enfadarse, pero también le cuesta muy poco arrepentirse (yo soy algo más rencorosa) e intentar arreglar las cosas. Ahora mismo no está pasando por uno de sus mejores momentos, pero sé que lo superará y saldrá reforzada de todo ello. Lo mejor es que me deja acompañarla y apoyarla, aunque solo quiera mimos y que no le diga nada. Que venga y me abrace aunque haya público, que me cuente las cosas delante de sus amigas, que no tenga miedo a demostrar sus sentimientos hacia su familia (vale, ahora misma los que demuestra hacia sus hermanas se los podría guardar un poquito), todo eso y mucho más hacen de ella una persona muy especial y a la que no cambiaría ni aun en su momento de máximo cabreo.

Creo que hace y dice cosas normales para la edad que tiene. No es de las que se pasa el día en la calle, pero tampoco de las que no sale de casa. Creo que es una adolescente normal y que superará todas las trabas que se encuentre en el camino. Y si no puede sola, al menos me quedo tranquila sabiendo que vendrá a pedir ayuda.

Y tú, ¿recuerdas tu adolescencia?

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